Dichosos los que de ahora en adelante mueren en el Señor. Si dice el Espíritu, ellos descansarán de sus fatigosas tareas, pues sus obras los acompañan
(Apocalipsis 14:13).
Los siguientes párrafos forman parte de una carta escrita por Elena de White a Fannie Capehart, quince años después del fallecimiento de James, su esposo. Elena relata el dolor que sufrió durante un año y cómo fue curada: Mi querida hermana: Recién leí su carta, y no quiero demorarme en contestarle porque quizá estas líneas puedan traer alivio a su mente. Mi esposo murió en Battle Creek en 1881. Durante un año no pude soportar la idea de estar sola.
Mi esposo y yo habíamos hecho la obra ministerial lado a lado […]. Durante ese primer año, en lugar de recobrarme, estuve cerca de la muerte. […] Estaba tan pálida que no había color en mi rostro. Un domingo, me cargaron en un carruaje cómodo y me llevaron al congreso. […] Se colocó un sofá en la amplia plataforma donde estaba el púlpito, y allí me pusieron de la forma más confortable posible. Durante la reunión le dije a mi hijo Willie que me ayudara a ponerme de pie para pronunciar unas pocas palabras.
Él lo hizo, y allí estuve, como por cinco minutos, tratando de hablar y pensando que si finalmente podía hacerlo, sería mi última oportunidad; sería mi discurso de despedida. De repente, sentí un poder que vino sobre mí, parecido a un choque eléctrico. Pasó a través de mi cuerpo hasta alcanzar la cabeza. La gente testificó que literalmente vieron la sangre llegar hasta mis labios, mis oídos, mis mejillas y mi frente. Fui sanada delante de ese gran número de personas.
Alabé a Dios en mi corazón y mediante las palabras de mis labios. […] Entonces tomé mi lugar entre los predicadores y di mi testimonio como nunca lo había hecho. Parecía como que alguien había sido levantado de los muertos. […] Mi hermana, no muestre más ninguna desconfianza en nuestro Señor Jesucristo. Avance con fe, creyendo que se encontrará nuevamente con su esposo en el reino de Dios. Haga lo mejor que esté de su parte para preparar a los vivos, para que lleguen a ser miembros de la familia real e hijos del rey celestial.
Ese es nuestro trabajo ahora; ese es su trabajo también. […] No torture su alma como lo ha estado haciendo, sino sea humilde, fiel y sincera; y acepte la segura palabra de Dios de que nos encontraremos con nuestros amados cuando termine el conflicto. ¡Tenga ánimo! (Carta 82, 1906).
Sea cual sea el dolor que estás sintiendo ahora, confía en que Dios traerá consuelo y solución.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Esther Peláez
