sábado , 31 octubre 2026
Matinal De Damas 2026

El Buen pastor

 

Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas (Juan 10: 11)

 

Recuerdo el tiempo que viví en Curitiba. Al amanecer o al atardecer podía ver a un pastor que guiaba a su rebaño de ovejas. Me gustaba mucho verlas pastar tranquilamente en el campo. Blancas, negras, marrones, rojizas; ovejas, carneros, corderitos; todas disfrutan estando en grupo.

Los rebaños de ovejas son una buena fuente de ingresos. De ellas se extrae la leche, que se puede vender o con la cual se pueden hacer quesos finos y caros; también se las trasquila, extrayéndoles así la lana, con la que se hace ropa y alfombras; y la piel es una excelente materia prima para hacer ropa, zapatos, cinturones y carteras. No olvidemos la carne, cuyo consumo deja buenos beneficios económicos también. Por si todo esto fuera poco, al pastar, las ovejas, los carneros y los corderitos ayudan a mantener los campos sin sobrecrecimiento de hierba.

Estos animales son dóciles, bellos y delicados; con razón son un símbolo de inocencia. Pero las ovejas no tienen buena visión. Si no hay alguien que las guíe, siguen a cualquiera del rebaño sin preocuparse por los peligros. Tampoco poseen un mecanismo natural de defensa. Por eso, exigen atención y cuidados. Los zorros, los lobos y otros depredadores pueden atacarlas.

Cuando Jesús contó la parábola del buen pastor, estaba hablando de sí mismo: él es el Buen pastor. Desde entonces hasta hoy, en Oriente Próximo, la figura del pastor ha seguido siendo popular y conocida por su dedicación y cuidado por las ovejas. Esta metáfora, que es una de las más preciosas de la Biblia, describe el carácter de Dios y su relación con su pueblo.

Los hijos de Dios dependemos del cuidado y de la dirección del Buen pastor. Distraídos, a veces nos perdemos y nos convertimos en presas fáciles del gran depredador: el enemigo de las almas. El pastor necesita salir a buscarnos y traernos de vuelta al aprisco.

En esta parábola, Jesús también enseñó que la oveja necesita aprender a escuchar la voz del pastor. Cuando nos llama desde la puerta del redil, necesitamos reconocer su voz para ir a él.

¿Reconoces la voz del Buen pastor? ¿Le permites que te guíe cada día a su aprisco de amor?

¿Te dejas guiar por él, para evitar perderte y ser presa del depredador? Cuando te pierdes y él sale a tu encuentro, ¿te dejas alcanzar por sus brazos de amor?

 

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Tomado de la: Lectura Devocional para Damas 2026
«SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Esther Peláez

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