Fue más o menos en aquel tiempo cuando el Señor ordenó a Jeremías que escribiera los mensajes que deseaba dar a aquellos por cuya salvación se conmovía de continuo su corazón compasivo. El Señor ordenó a su siervo: «Tómate un rollo de libro, y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel y contra Judá, y contra todas las gentes, desde el día que comencé a hablarte, desde los días de Josías hasta hoy. Quizás oirá la casa de Judá todo el mal que yo pienso hacerles, para volverse cada uno de su mal camino, y yo perdonaré su maldad y su pecado». Jeremías 36:2, 3 .
Obedeciendo a esta orden, Jeremías llamó en su auxilio a un amigo fiel, el escriba Baruc, y le dictó “todas las palabras que Jehová le había hablado”. Vers. 4. Estas palabras se escribieron cuidadosamente en un rollo de pergamino, y constituyeron una solemne reprensión del pecado, una advertencia del resultado seguro que tendría la continua apostasía, y una ferviente súplica a renunciar a todo mal.
Cuando se hubo terminada la escritura, Jeremías, que seguía preso, mandó a Baruc que leyese el rollo a las multitudes congregadas en el templo en ocasión de un día de ayuno nacional, “en el año quinto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, en el mes noveno”. Dijo el profeta: “Quizá caerá oración de ellos en la presencia de Jehová, y tomará cada uno de su mal camino; porque grande es el furor y la ira que ha expresado Jehová contra este pueblo”. Vers. 9, 7.
Baruc obedeció, y el rollo fue leído delante de todo el pueblo de Judá. Más tarde, el escriba fue llamado a comparar ante los príncipes para leerles las palabras. Escucharon con gran interés, y prometieron informar al rey acerca de todo lo que habían oído, pero aconsejaron al escriba que se escondiera, pues temían que el rey rechazara el testimonio y procurase matar a los que habían preparado y comunicado el mensaje.
Cuando los príncipes dijeron al rey Joaquim lo que Baruc había leído, ordenó inmediatamente que trajesen el rollo a su presencia y que se lo leyesen. Uno de los acompañantes reales, llamado Jehudí, buscó el rollo, y empezó a leer las palabras de reprensión y amonestación. Era invierno, y el rey y sus asociados en el gobierno, los príncipes de Judá, estaban reunidos en derredor de un fuego abierto. Apenas se hubo leído una pequeña porción cuando el rey, en vez de temblar por el peligro que le amenazaba a él ya su pueblo, se apoderó del rollo, y con ira frenética “rásgalo con un cuchillo de escribanía, y échalo en el fuego que había en el brasero, hasta que todo el rollo se consumió”. Vers. 23.
Ni el rey ni sus príncipes sintieron temor, “ni rasgaron sus vestidos”. A pesar de que algunos de los príncipes “rogaron al rey que no quemase aquel rollo, no los quiso oír”. Habiendo destruido la escritura, la ira del rey impío se despertó contra Jeremías y Baruc, y dio inmediatamente órdenes para que los prendiesen; “mas Jehová los escondió”. Vers. 24-26.
Al hacer conocer a los que adoraban en el templo, así como a los príncipes y al rey, las amonestaciones escritas en el rollo inspirado, Dios procuraba misericordiosamente amonestar a los hombres de Judá para su propio bien. “Quizá oirá la casa de Judá —dijo— todo el mal que yo pienso hacerles, para volverse cada uno de su mal camino, y yo perdonaré su maldad y su pecado”. Vers. 3. Dios se compadece de los hombres que luchan en la ceguera de la perversidad; procura iluminar su entendimiento entenebrecido dándoles reprensiones y amenazas destinadas a inducir a los más encumbrados a sentir su ignorancia y deplorar sus errores. Se esfuerza por ayudar a los que se complacen en sí mismos para que, sintiéndose descontentos de sus vanas realizaciones, procuren la bendición espiritual en una estrecha relación con el cielo (Profetas y reyes, pp. 319, 320).
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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2026.
4to. Trimestre 2026 «EL DON DE PROFECIA»
Lección 06 «Los Escritos Proféticos»
Colaboradores: Felipe Torres y Esther Jiménez
