«En las muchas palabras no falta pecado, pero el que refrena sus labios es prudente». Proverbios 10:19.
Hay momentos en los que decimos todo lo que pensamos o sentimos. Los llamamos «desahogos». En esos momentos, algunas personas llegan a ser demasiado sinceras. Otras se vuelven explosivas. En todos los casos, quienes se sinceran generalmente se sienten más aliviados después de liberar su corazón. ¿Conoces a alguien así, que dice todo lo que piensa?
Los psicólogos dicen que verbalizar es un ingrediente indispensable para una vida emocional sana. Cuando reprimimos preocupaciones o secretos, activamos en nuestro cerebro el área responsable de anticipar problemas, y nuestra mente empieza a funcionar a «alta velocidad», lo que resulta en una fuerte tensión emocional. Vivir así no es nada bueno, ¿verdad? Por eso necesitamos desahogarnos.
Por otro lado, no podemos andar por ahí diciendo todo lo que se nos pasa por la cabeza sin medir las consecuencias. Es necesario filtrar lo que se puede o no se puede decir. Hay temas personales que no debemos contarle a cualquiera ni en cualquier momento. Los asuntos que involucren detalles de otras personas también deben ser compartidos solo con la debida autorización. ¡El desahogo no es chisme!
Si eres de esas personas que hablan «hasta por los codos», acepta este consejo: Si necesitas abrirte con alguien, que sea con una persona cercana, de confianza y emocionalmente madura para escuchar. Un profesional terapeuta puede ser la mejor opción en este caso.
Cuando el tema se refiere a otra persona, asegúrate de no exponer sus defectos o su vida personal. Si deseas hablar sobre el error de alguien, que sea con la persona que cometió el error, con el fin de preservarla. Jesús dijo: «Si tu hermano peca contra ti, ve y muéstrale su falta entre tú y él solo. Si te oye, habrás ganado a tu hermano» (Mat. 18:15).
Hay momentos y lugares apropiados para un desahogo. Usar, por ejemplo, el lugar y la hora de trabajo para desahogarse es algo inconveniente. Querer abrirse con una persona que está muy ocupada tampoco va a funcionar. Por lo tanto, filtra lo que realmente necesitas sacar. Y, si realmente quieres decir «¡Uf! Ya lo solté», que sea primero con Dios.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Jóvenes 2026
“SUBLIME BELLEZA»
«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Herber G. Pérez y Kimberly Rodríguez
