Guardad, pues, mi ordenanza, no haciendo las costumbres abominables que practicaron antes de vosotros, y no os contaminéis en ellas. Yo Jehová vuestro Dios
(Levítico 18: 30).
Algunas veces he escuchado comentarios de algunas personas que reprueban la acción de Dios de destruir a todas las naciones reinantes en el tiempo de la entrada de Israel a la tierra prometida. La pregunta es: ¿por qué Dios destruyó a todas estas personas y a su cultura? De acuerdo con el pasaje bíblico de hoy, Dios había llamado al arrepentimiento a estos pueblos muchas veces; sin embargo, sus prácticas paganas, aberraciones y costumbres causaron su destrucción.
Habían pasado el umbral de reconocer la voz del Espíritu Santo y, al igual que los antediluvianos, sus pensamientos eran de continuo al mal. Sus prácticas sexuales no tenían discriminación y eran tales que hombres y mujeres tenían relaciones sexuales con sus madres y padres, tíos y tías, hijos e hijas, yernos y nueras, abuelos y abuelas, hermanos y hermanas, cuñados y cuñadas, hombres con hombres, mujeres con mujeres y hombres con animales. Era una situación desastrosa que llevaba a las personas a comportarse literalmente como animales, guiadas por sus instintitos más bajos. Asimismo, practicaban la adivinación, la brujería y ofrecían a sus hijos en fuego a un dios pagano. El Señor se cansó de sus pecados y decidió destruirlos por medio de su pueblo, pero Dios mismo pelearía contra ellos. Por tanto, el Señor le dijo a su pueblo:
¿Ven todo lo que hacen estos pueblos? ¡No practiquen estas cosas detestables; no las tolero! Ustedes son un pueblo santo, pueblo que he rescatado para que viva diferente. Les he dado leyes para que todos los pueblos al mirarlos se maravillen y digan: «¡Qué pueblo tan sabio y entendido es este porque tiene a un Dios todopoderoso que lo guía y enseña!».
Cuando le das una mirada al mundo actual, te das cuenta de que la sociedad no es tan diferente de los pueblos que Dios detestó y destruyó. Hoy se pueden encontrar por todos lados prácticas sexuales como las que he descrito. La adivinación y la brujería son asuntos públicos y, todavía más, la homosexualidad y el lesbianismo son legales, fuera de que no se puede decir nada porque se considera discriminación. La falta de tolerancia a las libertades de cada ser humano jamás considera qué dice Dios al respecto. Se lo ha dejado fuera del estilo de vida, argumentando que Dios es anticuado y fuera de toda la vida urbana actual. Pero Dios sigue tan vigente como ayer y te amonesta diciendo que no practiques aquello que es detestable para que seas santo como él.
¿Qué piensas? ¿Le harás caso a Dios o lo dejarás fuera de tu vida?. Tú tienes la respuesta, así que escucha su voz, porque todo es por su gracia.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Adultos 2026
«POR SU GRACIA»
Por: Isaías Espinoza
Colaboradores: Nesthor Caraballo y Esther Peláez
