Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo; así que no contaminéis vuestras personas con ningún animal que se arrastre sobre la tierra (Levítico 11: 44).
Normalmente, no comer animales considerados por la Biblia como impuros se asocia a la salud. Eso es verdad, pero la conclusión que Dios da al pueblo de Israel abarca mucho más, ya que resalta un asunto de relación: Sed santos, porque yo soy Santo (1 Pedro 1: 16). El pueblo de Israel había de una nación que comía de todo: tortugas, roedores, cocodrilos, sapos, camellos y todo lo que se movía. No tenía ninguna restricción al respecto.
Los israelitas convivieron con los egipcios durante más de cuatrocientos años, además de que muchos entre ellos se habían unido en la marcha a la tierra prometida. Por tanto, el Señor se tomó el tiempo para darles indicaciones sobre su alimentación como un asunto de distinción entre los demás pueblos, así como parámetro de salud y como una forma de apartarse del mal, dedicándose a servir a Dios en cuerpo, mente y espíritu. Educar al pueblo salido de la esclavitud no era una tarea fácil. Las inclinaciones del apetito pervertido por tantos años reclamaban ser saciadas con los alimentos que acostumbraban a consumir. De hecho, el pueblo se quejó de estar comiendo solo maná y exigió comer carne. Por esta razón, el Señor le dijo qué animales podía comer y cuáles no. Lo sensato sería llevar la dieta que el Señor había prescrito en el jardín del Edén en Génesis 1: 29, pero en su paciencia le indicó qué animales limpios debería consumir.
En la actualidad es bien sabido la relación directa que existe entre lo que comes y tu salud. Miles de personas buscan una dieta vegana, otros combinan lo integral con algún tipo de proteína y otros se limitan a comer vegetales y solo los animales considerados limpios. Sin embargo, a miles no les importa mucho y consumen cuanto se les atraviese en su camino y cuanto puedan comer. Las indicaciones de Dios son claras al hablar de una relación en la que el cristiano decide cuidar su cuerpo porque lo considera un lugar santo, una manera de estar en conexión con él. De esta forma, seguir la dieta original de Dios no se limita solo a la salud, sino a una relación de santidad con su Creador. Un cuerpo no intoxicado tiene más ventajas en el desarrollo. ¿Y tú, mi querido amigo?
¿Quieres seguir el consejo de Dios? Prueba y verás que no solo tendrás mejor salud, sino que podrás estar más atento a la voz de tu Señor, porque todo es por su gracia.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Adultos 2026
«POR SU GRACIA»
Por: Isaías Espinoza
Colaboradores: Nesthor Caraballo y Esther Peláez
