LIBRO 4
SALMO 90
La eternidad de Dios y la transitoriedad del hombre
Oración de Moisés, varón de Dios
- Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación.
- Antes que nacieran los montes y formaras la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.
- Vuelves a convertir en polvo al hombre y dices: «¡Convertíos, hijos de los hombres!»
- Ciertamente mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche.
- Los arrebatas como con torrente de aguas; son como un sueño. Como la hierba que crece en la mañana:
- en la mañana florece y crece; a la tarde es cortada y se seca.
- Ciertamente con tu furor somos consumidos y con tu ira somos turbados.
- Pusiste nuestras maldades delante de ti, nuestros yerros a la luz de tu rostro.
- Ciertamente todos nuestros días declinan a causa de tu ira; acabamos nuestros años como un pensamiento.
- Los días de nuestra edad son setenta años. Si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan y volamos.
- ¿Quién conoce el poder de tu ira, y tu indignación según el temor que te es debido?
- Enséñanos de tal modo a contar nuestros días que traigamos al corazón sabiduría.
- ¡Vuélvete, Jehová! ¿Hasta cuándo? ¡Ten compasión de tus siervos!
- De mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días.
- Alégranos conforme a los días que nos afligiste y los años en que vimos el mal.
- Aparezca en tus siervos tu obra y tu gloria sobre sus hijos.
- Sea la luz de Jehová, nuestro Dios, sobre nosotros. La obra de nuestras manos confirma sobre nosotros; sí, la obra de nuestras manos confirma.
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Tomado de la: Biblia versión Reina Valera 1995
Un versículo cada día
Reavivados por su palabra
Colaboradores: Samuel F. Cueto y Yanery Vidal
