«El que siembra para agradar a su carne, de esa misma carne cosechará destrucción; el que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna»
Gálatas 6:8.
La capacidad de elegir es la mayor de las facultades con las cuales Dios nos dotó. Con el libre albedrío, definimos nuestro destino. Sin embargo, engañadas por el poder de elegir lo qué desean, muchas personas olvidan que las malas elecciones no las llevarán a buen destino. Dios advirtió claramente acerca de las consecuencias de cada decisión y puso sobre nosotras la responsabilidad por las decisiones que tomamos. La siembra es voluntaria, pero no la cosecha.
Con una naturaleza corrompida por miles de generaciones, ¿qué capacidad tenemos de usar el libre albedrío para elegir lo bueno? Nuestras decisiones son formadas en base a nuestra percepción, a nuestras debilidades, gustos y disgustos; en base a aquello que conocemos, sentimos, amamos y deseamós; o sea, nuestra voluntad no es libre de nosotras mismas. En verdad, es esclava de nuestra naturaleza carnal, la cual desea el pecado.
Obedecer a Dios es un acto de la voluntad humana, pero ¿cómo Io haremos, si tenemos esta naturaleza que es enemiga de Dios? Es imposible agradarlo sin la previa actuación de su gracia en nosotras. Sin su gracia, seremos rehenes de nuestras malas décisiones.
Aun cuando Dios sabe de las malas decisiones que tomaremos en el futuro, no estamos predestinadas a la perdición. Son nuestras decisiones conscientes las que pueden llevarnos a ese destino. La Caída del ser humano sucedió cuando este usó su libre albedrío para oír los engaños de Satanás. Pero el camino de la salvación fue abierto por Jesús, por medio del libre albedrío.
Dios hace con nosotras lo que hizo para librar a Judas del destino que elegía. «Pero Judas no estaba completamente empedernido. Aun después de haberse comprometido dos veces a traicionar al Salvador, tuvo oportunidad de arrepentirse» Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, cap. 76, pág. 681.
La decisión de Judas y de otros que se perdieron y se perderán fue y será orientada por disposiciones pecaminosas. Aun conociendo el futuro, Dios no interfiere en el libre albedrío, sino que, por intermedio del Espíritu Santo, actúa incesantemente en nuestras vidas para que elijamos el bien.
Cuando despreciamos la actuación del Espíritu Santo, desperdiciamos las preciosas oportunidades de elegir ser salvas.
Elige escuchar la voz de Jesús y orienta tu trayectoria por su gracia, y tu destino será aquel que Dios siempre deseó para ti.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
