lunes , 17 agosto 2026
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Matinal De Damas 2026

«HERMANAS DEL HIJO PRÓDIGO»

«Indignado, el hermano mayor se negó a entrar. Así que su padre salió a suplicarle que lo hiciera»

Lucas 15:28.

El hermano menor había derrochado su parte de la herencia. Andrajoso y hambriento, terminó comiendo la comida de los cerdos hasta que, finalmente, reconoció su condición y volvió a la casa de su padre.

El primogénito volvía exhausto del campo cuando, de pronto, escuchó música y festejo. Supo por un siervo que se celebraba el regreso de su hermano menor. Indignado, ignoró al hermano y la fiesta. Tal recepción lo había hecho sentir celos.

Su padre intentó explicarle que estaba siendo orgulloso y egoísta, pero este le reclamó que había trabajado siempre para él como un siervo y nunca había recibido reconocimiento. En cambio, el derrochador estaba siendo celebrado sin merecerlo. El hermano mayor demostró así que su actitud obediente no era porque disfrutara estando con su padre, sino por su afán de ganancias. Por eso no se preocupó nunca por su hermano perdido ni se alegró de su regreso. Celoso por la acogida del padre a su hermano menor, sintió que lo estaban tratando a él injustamente. Es obvio que, si él hubiera estado en el lugar de su padre, nunca habría aceptado de vuelta a aquel hijo pródigo.

El padre, con amor, le explicó que todo lo suyo le pertenecía también a él y que siempre había apoyado; que su hermano se había alejado porque no discernía el amor de su padre por él, pero que había reconocido su error y se había arrepentido sinceramente.

Con el hijo mayor de esta parábola, Jesús representó a los judíos de su época y a los fariseos de todas las épocas, que desprecian a los pecadores creyéndose más justos que ellos. Disfrutaban de privilegios divinos especiales, pero nada de lo que hacían era motivado por el amor a Dios, sino a la recompensa. La manera en que Jesús ofrecía su gracia a los pecadores los ofendía y les generaba celos. ¿Acaso no somos nosotras también la hermana mayor del hijo pródigo? ¿Acaso no vivimos un cristianismo que nos hace sentir mejores que los demás porque nuestra conducta es «buena»? ¿Acaso no sentimos que merecemos las dádivas que Dios nos da, en vez de verlas como concesiones inmerecidas del amor paterno?

Sucede en nuestras iglesias que mujeres cristianas creen en su propia justicia, representando así a Dios falsamente y volviéndose duras y críticas con sus hermanos. Debemos vernos como pecadoras sin mérito alguno, salvas únicamente por el amor del Padre celestial; entonces seremos hermanas compasivas de los hijos pródigos que sufren en el pecado, y compartiremos la alegría divina por la salvación de cada perdido que regresa a casa.

 

Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.

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