“Pero Esteban lleno del Espíritu Santo, fijo la mirada en el cielo y vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios” Hechos 7: 55, NVI.
Esteban estaba consagrado a Jesús. La Biblia dice: «Esteban, lleno del poder y la bendición de Dios, hacía milagros y señales entre el pueblo» (Hechos 6: 8). Parecía ser una persona bastante simpática, alguien a quien todo el mundo apreciaría. Pero no fue exactamente así. Los dirigentes religiosos de Israel no podían soportarlo. Querían silenciarlo, así que lo apresaron y lo llevaron ante el Sanedrín.
Esteban, de pie ante aquellos hombres airados, permaneció lleno de la gracia y el poder de Dios. De hecho, sus enemigos lo miraban y no podían dejar de notar que «su cara era como la de un ángel» (versículo 15) (Repito, ¿a quién puede no gustarle alguien así?).
Esteban continuó dando un discurso apasionado sobre Jesús (¡realmente amaba al Señor!), pero no logró conmover a quienes lo escuchaban. De hecho, su discurso solo los enojó más: «Cuando oyeron estas cosas, se enfurecieron y rechinaron los dientes contra Esteban» (Hechos 7: 54).
Esteban no negó a Jesús estando frente a sus rivales. Se mantuvo firme sin importarle lo que pasara. Y cuando lo hizo, sucedió algo hermoso: Jesús literalmente lo defendió: «Pero él, lleno del Espíritu Santo, miró al cielo y vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios. Entonces dijo: «¡Miren! Veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre a la derecha de Dios»» (versículos 55-56).
La multitud enojada se abalanzó sobre él, arrastró al hombre con cara de ángel fuera de la ciudad y lo apedreó. En medio de todo eso, él continuó orando e incluso pidiéndole a Dios que perdonara a sus torturadores. Y en sus últimos momentos ciertamente debió de haber tenido consuelo en su visión del cielo Y de Jesús levantándose de su trono para defenderlo.
Mientras te mantengas firme por Jesús, no estarás solo. Él se pondrá de pie a tu lado.
Ponlo en práctica: No pierdas la oportunidad de defender a Jesús. ¡Él estará contigo!
Ponlo en oración: Agradece a Dios porque siempre nos protege y nos defiende.
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Tomado De: Lecturas Devocionales Para Adolescentes 2018.
“¿Y Entonces…?”
Por: Heather Quintana
