martes , 16 junio 2026

 

Sin esfuerzo, pero con poder

¿Alguna vez te has preguntado cómo mantuvo Jesús la motivación para trabajar, sanar, consolar, predicar y enseñar a tanta gente día tras día? Leemos que «al ver a la gente, sintió compasión de ellos, porque estaban cansados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor» (Mateo 9: 36). El amor y la compasión de Jesús hacia la humanidad impulsaron su labor. Igualmente, el amor de Dios en nosotros debería impulsarnos a sentir la responsabilidad de llevar a las almas a él y a su verdad (ver 2 Corintios 5: 14).

¿Alguna vez has mirado los rostros de extraños en una multitud y has pensado en la eternidad, preguntándote si conocen a Jesús? ¿Alguna vez has sentido lo que solo puede ser el amor de Dios en ti hacia un extraño en necesidad? El amor de Dios en nosotros nos impulsa a sentir la responsabilidad de guiar a las almas a él. Jeremías expresó esto cuando dijo: «Tu palabra en mi interior se convierte en un fuego que devora, que me cala hasta los huesos. Trato de contenerla, pero no puedo» (Jeremías 20: 9).

Con todo, cuando hablemos de Dios a los demás, no tratemos nunca de obligar a nadie a aceptar a Dios ni la verdad bíblica. La coacción va en contra de la esencia misma del carácter de Dios. Dios no obligó a Adán y a Eva a mantenerse alejados del árbol del conocimiento del bien y del mal (ver Génesis 2: 16-17). No obligó a las personas a entrar en el arca para salvarse del diluvio (ver Génesis 7: 1). No obligó a los israelitas a permanecer en el pacto con él (ver Deuteronomio 4: 29-31). Lo que hizo fue satisfacer sus necesidades (ver Mateo 4: 23-25) y luego invitarlos a seguirlo. Jesús nunca obliga a nadie a seguirlo a él ni su verdad, pero nunca se da por vencido con nosotros (ver Mateo 23: 37).

Cuando damos testimonio, nuestro enfoque siempre debe reflejar el enfoque de Jesús. Elena G. de White dice: «No es parte de la misión de Cristo obligar a los hombres a recibirlo. Satanás y los hombres impulsados por su espíritu son quienes procuran violentar las conciencias. […] No puede haber una evidencia más concluyente de que poseemos el espíritu de Satanás que el deseo de dañar y destruir a los que no aprecian nuestro trabajo u obran contrariamente a nuestras ideas» (El Deseado de todas las gentes, cap. 53, p. 462).

Debemos permitir que Dios nos use como canales de su amor. Vivimos en un mundo que odia la verdad, pero esa realidad no debe impedirnos compartirla de manera reflexiva y amorosa. Recuerda que nuestro testimonio personal suele ser lo que más peso tiene, sobre todo en las primeras etapas del mismo (ver Apocalipsis 12: 11).

Lee 2 Pedro 3: 18. ¿De qué manera estás creciendo en gracia y conocimiento? ¿Hasta qué punto resulta evidente cuando interactúas con tu entorno?

2do trimestre 2026 «UNA RELACIÓN MÁS ÍNTIMA CON DIOS»
Lección # 12 «HABLAR DE JESÚS AL MUNDO»

Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez

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