«Es cierto que has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu esposo. En esto has dicho la verdad»
Juan 4:,18.
Luba nació en Polonia, en el seno de una comunidad judía. Se casó siendo apenas una adolescente y tuvo un hijo. Durante la Segunda Guerra Mundial, los tres fueron enviados a Auschwitz-Birkenau, el peor campo de concentración nazi. Luba no volvió a ver nunca más a su esposo ni a su hijo.
Oprimida por el dolor, con la cabeza rapada y un número tatuado en el brazo. Luba fue llevada a trabajar al hospital de Auschwitz, donde aprendió alemán. Cuando supo que otras enfermeras se iban a Bergen-Belsen, se ofreció a ir también, lo cual le fue concedido.
Una helada noche, Luba se despertó por el llanto de un niño. Cuando corrió a la puerta se encontró con cincuenta y cuatro niños asustados temblando de frío. Sus padres y hermanos mayores habían sido llevados a los campos de concentración. Luba quiso llevarlos al alojamiento en que se quedaban las trabajadoras y, aunque tuvo oposición de algunas, insistió y lo logró. Cuando le contaron a uno de los guardias lo que había hecho, este la empujó y le gritó, pero ella lo convenció de que dejara a los niños esconderse allí. El guardia no solo permitió eso, sino que autorizó a que tuvieran algo que comer.
Cada mañana, Luba iba al depósito de comida, a la cocina y a la panadería a implorar comida para los niños. Se convirtió en la mamá de todos ellos: los alimentaba, les daba medicamentos y les cantaba por las noches. Algunos ni siquiera entendían su lengua, pero sentían su amor.
Luba, además de cuidar a sus niños, le pedía a Dios que los salvara. El 15 de abril de 1945, tanques ingleses entraron Bergen-Belsen, anunciando el fin de la guerra. Miles de niños habían muerto, pero del grupo de Luba solo dos. Un avión militar inglés los llevó de vuelta a casa. Tiempo después, un oficial holandés escribió? «Gracias al coraje de esa mujer, los niños sobrevivieron»
Luba se casó nuevamente en Estados Unidos y tuvo dos hijos más, pero nunca olvidó a sus niños. Casi todos prosperaron. En 1995, en el cincuentenario de la iliberación, cerca de treinta hombres y mujeres se reencontraron en Ámsterdam para homenajearla en una ceremonia emocionante.
Luba murió en 2009, con más de ochenta años.
Que este ejemplo de coraje nos inspire a compartir el amor divino en el cumplimiento de nuestra misión de servir al prójimo.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
