La intercesión por su iglesia
«Cristo quiere que estén representados en su iglesia en la tierra el orden celestial, el plan de gobierno celestial, la armonía divina del cielo. Así queda glorificado en los suyos. Mediante ellos resplandecerá ante el mundo el Sol de justicia con un brillo que no se empañará. Cristo dio a su iglesia amplios medios, a fin de recibir ingente rédito de gloria de su posesión comprado y redimida. Ha otorgado a los suyos capacidades y bendiciones para que representen su propia suficiencia. La iglesia dotada de la justicia de Cristo es su depositaria, en la cual las riquezas de su misericordia y su gracia y su amor han de aparecer en plena y final manifestación. Cristo mira a su pueblo en su pureza y perfección como la recompensa de su humillación y el suplemento de su gloria, siendo él mismo el gran Centro, del cual irradia toda gloria.
»Con palabras enérgicas y llenas de esperanza, el Salvador terminó sus instrucciones. Luego volcó la cara de su alma en una oración por sus discípulos. Elevando los ojos al cielo, dijo: “Padre la hora es llegada; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado la potestad de toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado”.
»Cristo había concluido la obra que se le había confiado. Había glorificado a Dios en la tierra. Había manifestado el nombre del Padre. Había reunido a aquellos que habían de continuar su obra entre la gente. Y dijo: “Yo soy glorificado en ellos. Y ya no estoy en el mundo, mas estos están en el mundo, y yo voy a ti. ¡Padre Santo, guarda en tu nombre a aquellos que me has dado, para que ellos sean uno, así como nosotros lo somos!”. Así, con el lenguaje de quien tenía autoridad divina, Cristo entregó a su electa iglesia en los brazos del Padre. Como consagrado sumo sacerdote, intercedió por los suyos. Como fiel pastor, reunió a su rebaño bajo la sombra del Todopoderoso, en el fuerte y seguro refugio. A él le aguardaba la última batalla con Satanás, y salió para hacerle frente» (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, cap. 73, p. 649).
3er trimestre 2026 «LAS ESCENAS FINALES»
Lección # 06 «LA ORACIÓN DE CRISTO»
Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez
