«Son como arroyos que se ensanchan, como jardines a la orilla del río, como áloes plantados por el Señor, como cedros junto a las aguas. ¡Benditos sean los que te bendigan! ¡Malditos sean los que te maldigan!»
Números 24: 6, 9.
El cedro del Líbano es un majestuoso árbol de las montañas mediterráneas que puede durar siglos. Es un árbol de hoja perenne con piñas resinosas que se producen generalmente de dos en dos y se abren para dispersar sus minúsculas semillas aladas en el invierno. Este cedro no tolera mucho la sombra, prefíere estar a pleno sol.
El cedro del Líbano crece despacio, pero puede llegar a medir hasta 40 metros de altura y él diámetro de su tronco puede llegar a alcanzar los 14 metros. Durante los primeros tres años de vida, mientras que la planta tiene apenas 5 centímetros de altura, las raíces crecen hasta más de un metro y medio de profundidad.
Este cedro es el símbolo nacional del Líbano, aunque ha estado y sigue estando presente en varias culturas del Mediterráneo. Su madera, homogénea y aromática, fue usada por los fenicios en la construcción de embarcaciones militares y comerciales, templos, palacios y casas. Por su parte, los egipcios utilizaban su resina en la momificación de cadáveres. De acuerdo con antiguos papiros, se comercializaba mucho este cedro entre el Líbano y Egipto.
La madera del cedro del Líbano fue usada en el Templo de Salomón y en los palacios de David y Salomón. Lo sabemos por la Biblia, donde este árbol es mencionado setenta y cinco veces. Una de ellas es el versículo de hoy, que forma parte de los dichos de Balán. En él, la prosperidad del pueblo de Dios es representada por varias figuras de la naturaleza, entre las cuales aparece el cedro del Líbano, distinguido por su fuerza, su firmeza y su eterno vigor, un símbolo de aquellos cuya vida «está escondida con Cristo en Dios» (Colosenses 3:3).
Dios quiere que seamos como cedros del Líbano: espiritualmente vigorosas y que nuestra influencia dure por la eternidad. No quiere que toleremos vivir a la sombra, sino que busquemos diariamente el Sol de justicia, para que nuestro potencial sea desarrollado y usado para su honra y gloria.
Es mi deseo hoy que tu crecimiento sea constante como el de estos frondosos árboles. Que primero eches profundas raíces en el rico suelo de la Palabra de Dios, para que después logres florecer donde sea que estés. Amén.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
