Contémplalo
En marcado contraste con la creencia de los discípulos de que eran superiores y con su deseo de ser reconocidos como tales, vemos a Jesús, el ejemplo supremo de humildad. Jesús, que dijo: «Yo estoy entre vosotros como el que sirve» (Lucas 22: 27). Jesús, que cada día se entregaba a los necesitados que lo rodeaban porque estaba lleno de compasión y veía a las multitudes como ovejas sin pastor. Sabía que la humanidad lo necesitaba más que ninguna otra cosa en la vida, aunque pocos se dieran cuenta de esta sencilla verdad. Jesús, que renunció al cielo para morir por toda la humanidad con la esperanza de que comprendieran su acto de gracia y respondieran a su invitación a tener una relación con él.
Jesús vino a esta tierra para mostrarnos un nuevo camino. Lo hizo todo. Lo soportó todo. Renunció a la seguridad del cielo, se humilló voluntariamente para convertirse en el más bajo de lo bajo: un simple siervo, un criminal injustamente condenado que sufrió una muerte de lo más humillante (ver Filipenses 2: 3-8). Incluso en sus momentos más intensos de sufrimiento y soledad, prestó poca atención a sí mismo o a su dolor. Su corazón estaba centrado en aquellos a quienes amaba y quería salvar. No fue a la cruz para exaltarse a sí mismo; fue a la cruz para exaltarnos a nosotros. Se humilló para que nosotros pudiéramos ser exaltados.
Cuando nos detenemos lo suficiente para contemplar a Jesús, para contemplarlo de verdad, no podemos evitar darnos cuenta de nuestra impureza, nuestra inmundicia y nuestra desesperada necesidad de él en nuestra vida. Cuando lo contemplamos, todo lo demás, especialmente nosotros mismos y nuestra percepción de grandeza, se desvanecen en una completa insignificancia. Quién es Jesús, lo que ha hecho y cuánto ama a su creación pasa a ser lo más importante. El yo desaparecerá cuando lo contemplemos a él.
Jesús. ¡Qué nombre tan hermoso y poderoso! Él es el epítome de la humildad. Cuando, con corazón receptivo, aprendemos de él; cuando comprendemos lo que ha hecho por nosotros; y cuando permitimos que nuestra mente asimile sus palabras de vida, nos damos cuenta de lo orgullosos y miserables que somos. Si los propios discípulos, que vivieron con él y aprendieron directamente de él, tuvieron problemas orgullo, no podemos engañarnos pensando que nosotros somos diferentes. En última instancia, solo podemos crecer en nuestra relación con Jesús si somos humildes.
Dedica ahora mismo un tiempo adicional a estar con él. Toma tu Biblia, un bolígrafo y un diario o un papel y busca un lugar tranquilo, tal vez al aire libre. Invita a Dios a que ablande tu corazón y te hable.
Escribe el Salmo 138, palabra por palabra. Mientras escribes, ¿qué palabras te llaman especialmente la atención?
2do trimestre 2026 «UNA RELACIÓN MÁS ÍNTIMA CON DIOS»
Lección # 03 «ORGULLO VERSUS HUMILDAD»
Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez
