domingo , 23 agosto 2026
Lección de Universitarios 2026

inTerpreta

 

 

El punto de inflexión

Durante este caótico juicio, alguien interrumpió a Pilato con un sorprendente mensaje de su esposa. Ella vio a Jesús en un sueño y le urgió que no condenara a este «hombre justo» (Mateo 27: 19). Además, la multitud exigía la muerte de Jesús porque afirmaba ser el Hijo de Dios. Estas dos cosas inquietaron profundamente a Pilato (Juan 19: 7, 8). Volvió a interrogar a Jesús, pero no obtuvo respuesta. Insistiendo aún más, Pilato le recordó a Jesús su autoridad para liberarlo o crucificarlo. Jesús respondió: «No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si Dios no te lo hubiera permitido; por eso, el que me entregó a ti es más culpable de pecado que tú» (Juan 19: 11). Pilato no quería condenar a Jesús, pero tampoco se atrevía a ir en contra de la multitud. Desconfiaba de los líderes religiosos y sabía que estaban movidos por la envidia (Mateo 27: 18), pero a pesar de su correcto análisis, no tuvo la determinación necesaria para defender lo que era justo.

El punto de inflexión se produjo cuando la multitud cuestionó la lealtad de Pilato hacia el César. Sugirieron que Pilato no podía ser amigo del César si liberaba a alguien que decía ser rey. Pilato se vio obligado a elegir entre arriesgar su posición permaneciendo fiel a su conciencia o proteger su posición comprometiendo su integridad. Era una elección entre la verdad y su popularidad. Sintiéndose acorralado y temeroso de que su posición ante Roma se debilitara, Pilato preguntó: «¿Acaso voy a crucificar a su rey?». Los líderes religiosos respondieron con una ironía escalofriante: «¡No tenemos más rey que César!» (Juan 19: 15, RVR1995), una declaración sorprendente viniendo de hombres que despreciaban el dominio romano.

Pilato había hecho múltiples intentos por defender la inocencia de Jesús: «No encuentro en este hombre razón para condenarlo» (Lucas 23: 4); «ni tampoco Herodes» (Lucas 23: 15); «yo no encuentro en él nada que merezca la pena de muerte» (Lucas 23: 22). En un gesto final, Pilato se lavó las manos ante la multitud, diciendo: «Yo no soy responsable de la muerte de este hombre» (Mateo 27: 24). Sin inmutarse, la multitud gritó: «Nosotros y nuestros hijos nos hacemos responsables de su muerte!» (Mateo 27: 25). Claramente, en ese momento estaban bajo una fuerte influencia satánica. De lo que no se daban cuenta era de que esta maldición autoinfligida traería terribles consecuencias. La destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C. fue un trágico cumplimiento de esta declaración.

Pilato finalmente cedió a las demandas de la multitud y permitió que Jesús fuera crucificado. Ordenó que se colocara un letrero en hebreo, griego y latín en la cruz que indicara los cargos contra él: «Jesús de Nazaret, Rey de los judíos» (Juan 19: 19). Los líderes se opusieron, pero Pilato respondió: «Lo que he escrito, escrito lo dejo» (Juan 19: 22). Pilato reconoció la verdad. Sin embargo, cuando se enfrentó a una decisión realmente importante, cedió a las demandas de los líderes religiosos, por quienes no sentía ningún respeto.

¿Por qué Pilato no se mantuvo fiel a sus convicciones?

¿Cómo podemos evitar tomar decisiones equivocadas en situaciones realmente importantes, ahora que nuestras decisiones no son cuestión de vida o muerte?

Memoriza tu pasaje favorito de Lucas 23: 1-31. Escríbelo varias veces para ayudarte a memorizarlo.

3er trimestre 2026 «LAS ESCENAS FINALES»
Lección # 09 «¿DEBO CRUSIFICAR A UN REY?»

Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez

Matinales relacionados

inTerioriza

  La condena de un hombre inocente Los judíos llevaron a Jesús...

inTro

  Lee el texto de esta semana: Lucas 23: 1-31 La conciencia en...

inQuiere

  inQuiere A medida que avanzamos en este estudio, es importante que...

imPlícate

  La intercesión por su iglesia «Cristo quiere que estén representados en...