Lee el texto de esta semana: Lucas 23: 1-31
La conciencia en conflicto
La historia de Herodes Antipas es triste. Si alguna vez has conocido a alguien cuya conciencia está en conflicto, entenderás por qué. Probablemente lo has visto: tienen cierto sentido de lo que es correcto, pero carecen del valor necesario para hacerlo cuando verdaderamente importa. Están atrapados entre sus principios morales y el deseo de vivir a su manera. El caso de Herodes presenta un drástico ejemplo de este conflicto. Tuvo un encuentro con dos de las figuras más importantes y convincentes de los Evangelios: Juan el Bautista y Jesús de Nazaret. Su primer encuentro fue con Juan el Bautista, y no fue precisamente agradable. Analicemos los antecedentes.
Juan tuvo el privilegio de preparar el camino para el ministerio de Jesús. Aunque su obra giraba completamente en torno a Cristo, no temía decir verdades incómodas, como cuando reprendió a Herodes por casarse con la mujer de su propio hermano. Herodías, ahora esposa de Herodes, estaba furiosa con Juan y esperaba el momento oportuno para atacarlo. Juan ya había sido arrestado, pero Herodes no había tomado ninguna otra medida. Esperaba que el arresto de Juan apaciguara a su esposa y, al mismo tiempo, evitara las consecuencias políticas de matar a un profeta. El conflicto de su conciencia lo paralizó.
Pasado un tiempo, durante una fiesta, la hija de Herodías bailó para Herodes. En un momento de imprudencia y exceso, Herodes le prometió darle cualquier cosa que ella le pidiera. Incitada por su madre, ella pidió la cabeza de Juan en una bandeja. Herodes enfrentó entonces un verdadero dilema. Le tenía miedo a Juan, pero le daba más miedo aún la vergüenza pública que le causaría romper su promesa, así que cedió y mandó ejecutar al profeta ese mismo día.
Poco después de la muerte de Juan, el ministerio de Jesús comenzó a ganar más notoriedad. Cuando Herodes oyó hablar de este rabino que hacía milagros, comenzó a preguntarse si podría ser Juan, resucitado de entre los muertos. Claramente, la conciencia no lo dejaba en paz. Unos años más tarde, Herodes finalmente tuvo la oportunidad de conocer a Jesús cara a cara. Jesús había sido llevado ante Pilato y, tan pronto como Pilato supo que Jesús estaba bajo la jurisdicción de Herodes, aprovechó la oportunidad para pasarle el problema a alguien más.
Cuando le llevaron a Jesús, Herodes intentó iniciar una conversación con él. Sin embargo, Jesús no dijo ni una sola palabra. Herodes esperaba ver un milagro como los que había oído contar, pero Jesús tampoco respondió a eso. Herodes se sintió ofendido por el silencio de Jesús, pero intuía que había algo diferente en este hombre. No era como los criminales con los que Herodes había tratado antes. Aún atormentado por la muerte de Juan, Herodes no estaba en condiciones de prestar atención a las sugerencias de los líderes judíos y condenar a Jesús a muerte. Irónicamente, su padre, Herodes el Grande, había sido el primero en intentar matar a Jesús cuando era un bebé. Pero Herodes Antipas no quería tener nada que ver con tal escena. Su alma culpable no podía soportar otra ejecución, así que envió a Jesús de vuelta a Pilato, afirmando que no encontraba nada malo en él.
Después de leer esta conversación, una pregunta no deja darme vueltas en la cabeza: ¿por qué Jesús no dijo nada? Al menos habló con Pilato pero, ¿por qué guardó silencio total aquí?
Jesús permaneció en silencio ante Herodes porque ya había dicho todo lo que tenía que decir a través de su profeta Juan. Esto nos enseña una lección muy importante: cuando Jesús habla a través de sus profetas y su Palabra, hay que prestar atención al mensaje. De lo contrario, cuando nos encontremos con él cara a cara, es posible que no tenga nada más que decirnos. Él habla por amor y nos invita a responder, pero la elección es nuestra.
La lección de esta semana trata sobre cómo Jesús fue llevado ante Pilato, Herodes y la multitud. También seremos testigos de cómo recibió la cruz. Los acontecimientos comenzaban a intensificarse y Satanás presionaba a Jesús para que tropezara de cualquier forma posible.
Escribe Lucas 23: 13-25 de tu traducción preferida de la Biblia o escríbelo con tus propias palabras.
Revisa el pasaje que has anotado.
- Encierra en un círculo las palabras, frases o ideas que se repiten.
- Subraya las palabras o frases que consideres importantes y significativas para ti.
- Dibuja flechas para conectar palabras o frases con otras palabras o frases asociadas o relacionadas.
- ¿Qué conceptos o ideas particulares subrayan todas estas marcas que has hecho en general?
3er trimestre 2026 «LAS ESCENAS FINALES»
Lección # 09 «¿DEBO CRUSIFICAR A UN REY?»
Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez
