El arrepentimiento genuino
«Ningún arrepentimiento que no obre una reforma es genuino. La justicia de Cristo no es un manto para cubrir pecados que no han sido confesados ni abandonados; es un principio de vida que transforma el carácter y rige la conducta. La santidad es integridad para Dios: es la entrega total del corazón y la vida para que revelen los principios del cielo».— Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, cap. 61, p. 552
«No hay evidencia de arrepentimiento verdadero cuando no se produce una reforma en la vida. Si restituye la prenda, devuelve lo que haya robado, confiesa sus pecados y ama a Dios y a su prójimo, el pecador puede estar seguro de que pasó de muerte a vida».— Elena G. de White, El camino a Cristo, cap. 7, p. 88
«El arrepentimiento incluye tristeza por el pecado y abandono del mismo. No renunciaremos al pecado a menos que nos demos cuenta de su malignidad. Mientras no lo repudiemos de corazón, no habrá cambio real en nuestra vida.
»Muchos no entienden la verdadera naturaleza del arrepentimiento. Muchas personas se entristecen por haber pecado, e incluso se reforman exteriormente, porque temen que su mala conducta sea causa de sufrimientos. Pero esto no es arrepentimiento en el sentido bíblico. Lamentan el sufrimiento más bien que el pecado. Así fue el pesar de Esaú cuando vio que había perdido su primogenitura para siempre. Balaam, aterrorizado por el ángel que estaba en su camino con la espada desenvainada, reconoció su culpa porque temía perder la vida, pero no experimentó un sincero arrepentimiento del pecado; no cambió de propósito ni aborreció el mal. Judas Iscariote, después de traicionar a su Señor, exclamó: “He pecado, porque he entregado sangre inocente” (Mateo 27: 4)».— Ibid., p. 21
«Cuando el pecado ha adormecido las percepciones morales, el malhechor no discierne los defectos de su carácter ni se da cuenta de la enormidad del mal que ha cometido; y, a menos que se rinda al poder convincente del Espíritu Santo, permanecerá en una ceguera parcial con respecto a su pecado. Sus confesiones no son sinceras y fervorosas. A cada reconocimiento de su culpa añade una disculpa para excusar su proceder, declarando que, si no hubiese sido por ciertas circunstancias, no hubiera hecho esto o aquello, por lo que ahora es reprendido. Pero los ejemplos de verdadero arrepentimiento y humillación dados en la Palabra de Dios revelan un espíritu de confesión en el cual no hay ninguna excusa por el pecado ni ningún esfuerzo por justificarse a sí mismo».— Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 602
2do trimestre 2026 «UNA RELACIÓN MÁS ÍNTIMA CON DIOS»
Lección # 09 «EL ARREPENTIMIENTO Y EL PERDON»
Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez
