«Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella»
Efesios 5: 2.
Uno de los ejemplos más conmovedores del amor de Dios se encuentra precisamente en este versículo. Primero, el Señor asegura que su amor no es emocional; no es un amor que está moldeado por lo que la iglesia haga, sino que sencillamente Dios la ama tanto que se entregó por ella. Aun así, quedan muchas preguntas: ¿Merecía la iglesia ser amada así? ¿Correspondía la iglesia con un amor igual? ¿Es más fácil amar u odiar a la iglesia por sus actos?
Si obervamos a la iglesia, en particular a los miembros que forman parte de ella, deja mucho que desear. Es más fácil odiar que amar o querer a muchos de los cristianos; y muchas congregaciones harían bien en no llamarse cristianos por su nefasto testimonio. Sin embargo, incluso con todos esos elementos, Dios ama a la iglesia con un amor que sobrepasa cualquier concepto. Y el Señor te dice: «Como yo amo a mi iglesia, ama igual a tu esposa».
En el matrimonio, amar como Jesús ama a su iglesia, se ha tornado dificil y en muchas ocasiones hasta imposible. ¿Cómo amar a una mujer tan difícil y testaruda como la que tengo? ¿Cómo amar a alguien qué lo único que me causa son dolores de cabeza y problemas? ¿Cómo amar a una persona infiel, inhumana, burlona y grosera? Señor, ¿por qué me pides eso?.
Jesús nos ha dado ese ejemplo. El ser humano, por donde se lo mire, no merece ser amado dada la cantidad de actos malévolos que puede llegar a cometer: asesinatos, vicios, crueldades, egoísmo, adulterio y todo lo demás que hayas escuchado en los medios. A pesar de esto, Dios lo ama. No tiene sentido, pero te ama sin importar si lo odias o no, o si vienes cargando muchos pecados.
Amar al cónyuge con todas sus fallas es divino y solo Dios te puede ayudar y enseñar a hacerlo. Es posible que encuentres mil motivos para no amar, pero una vez que ames, encontrarás mil motivos para no dejar de hacerlo. Aunque la persona no lo merezca y aunque vaya contra toda lógica, amar es que hace diferente al que conoce a Dios y al que no lo conoce
En este día te invito a valorar tu relación de pareja. Puedo garantizarte que habrá motivos, para no amar, pero tu cónyuge dirá lo mismo de ti. No obstante, cuando empieces, a amar incondicionalmente experimentarás un atributo divino y tendrás una pequeña vislumbre del amor de Dios.
Amar te hará feliz, porque amar solo es posible por su gracia.
Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2026
«POR SU GRACIA»
Por: Isaías Espinoza
Colaboradores: Nesthor Caraballo y Silvia García F.
