Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo
(Mateo 6: 10).
En su libro Os segredos do Pai-Nosso Los secretos del Padrenuestro el psiquiatra brasileño Augusto Cury afirma que la voluntad, como fenómeno psicológico, representa la capacidad de corregir rutas y definir metas. Existen, por un lado, voluntades constructivas y, por otro, voluntades destructivas. Las primeras pueden favorecer a las personas tanto en el ámbito individual como en el colectivo, generando sociedades justas y libres; las segundas pueden producir exactamente lo contrario.
Comenta Cury que el instinto (como el hambre, la sed o el sexo) es un pulso biológico de la carga genética dirigido a la supervivencia, mientras que la voluntad es una construcción intelectual y emocional fruto de la inteligencia. Según este autor, los seres humanos somos complejos y complicados porque nuestras voluntades conviven con nuestros instintos.
Sabemos, por la Palabra de Dios, hasta qué punto nuestros instintos y nuestras voluntades están comprometidos por causa del pecado; por eso, necesitamos conocer una voluntad mayor que la nuestra: la voluntad de Dios, el ser sin pecado.
Jesús oró para que la voluntad de Dios fuera hecha aquí en la tierra, así como es hecha en el cielo. ¿Y cuál es esa voluntad? Como Dios es soberano, omnisciente, omnipotente y omnipresente, expresa un propósito intencional y rigurosamente elaborado, cuya ejecución involucró el sacrificio de su Hijo. Afirma Elena G. de White que «la voluntad de Dios se expresa en los preceptos de su sagrada ley, y los principios de esta ley son los principios del cielo. Los ángeles que allí residen no alcanzan conocimiento más alto que el saber la voluntad de Dios, y el hacer esa voluntad es el servicio más alto en que puedan ocupar sus facultades» (El discurso maestro de Jesucristo, cap. 5, pág. 167)
La voluntad de Dios involucra nuestra plena felicidad, incluye que podamos estar con él eternamente en una vida activa, perfecta, completa, sin luto, dolor, lágrimas ni injusticias. Todas nosotras estamos incluidas en su voluntad, pero él no se impone a nadie. ¿Por qué Jesús le pidió a la multitud que rogara a Dios para que fuera hecha su voluntad? Porque, a pesar de la importancia de sus planes para la humanidad, Dios no hace uso de la coacción para llevarlos a cabo…
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo es el deseo de Dios para que el pecado termine, y que su reino de justicia y bondad sea establecido.
Que hacer la voluntad de Dios sea el mayor propósito de tu vida, hasta que, finalmente, puedas vivir la vida plena para la cual fuiste creada.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Esther Peláez
