«Pero el Señor bajó para observar la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo»
Génesis 11: 5.
Después que el arca reposó sobre el Ararat, los descendientes de Noé se quedaron a vivir en los alrededores, donde fueron creciendo en número y en incredulidad. Llegados a un punto, los incrédulos se sintieron molestos con el estilo de vida y las creencias de sus familiares que se mantenían fieles a Dios, y decidieron dirigirse a la planicie de Sinar. Allípretendían edificar una torre muy alta. Con esa decisión, estaban desobedeciendo el plan divino de esparcirse por toda la tierra.
Lo que ellos querían lograr mediante la construcción de la torre de Babel era fundar una monarquía que abarcara toda la tierra. Su ciudad sería la metrópoli de un imperio universal que los haría famosos. La torre sería el monumento a su poder y sabiduría. Aquellos hombres ya no creían en el pacto de Dios; muchos incluso negaban su’ existencia y atribuían el diluvio a causas naturales; otros creían en Dios, pero se rebelaron contra él, así como Caín. Creían que la torre les daría seguridad en caso de que hubiera otro diluvio.
Poco a poco, la torre de autosuficiencia y afrenta al Todopoderoso fue alcanzando mayor altura, hasta que sobrepasó la que habían alcanzado las aguas del diluvio. ¡Qué orgullosos se sentían aquellos arquitectos e ingenieros que habían excluido a Dios de la ecuación!
Cuando parte de la torre quedó completada, muchos se mudaron a vivir allí’ y, en espacios bien decorados, hicieron templos paganos. Un día, Dios interrumpió la obra generando un teléfono descompuesto humano. El trabajo se detuvo porque todo se volvió una confusión. Entonces comenzaron a caer rayos del cielo, que dieron en la parte superior de la torre, derrumbándola. Aquellos que se entendían porque hablaban el mismo idioma se unieron en grupos y se esparcieron por la tierra. Al final, se cumplió el plan de Dios.
Los constructores de la torre de Babel habían murmurado contra los actos de justicia divinos, pero se sometieron a Satanás, sacrificando a sus propios hijos sobre los altares de sus dioses, tornándose en opresores, violentos y brutos. Dios frustró su propósito, transformando el memorial de su osadía en un memorial de vergüenza, derrota y locura. Hoy en día sigue habiendo personas que son «edificadoras de torres de autosuficiencia». No me refiero a ateos que solo creen en la ciencia en perjuicio de la Biblia, sino también a profesos cristianos que sobreestiman su propia voluntad en perjuicio de la voluntad de Dios.
¿Será que estás construyendo alguna torre de autosuficiencia en tu vida?
Destruye ese monumento de egoísmo mientras haya tiempo. Las torres de autosuficiencia no llevan a ninguna parte, y se oponen a los deseos de Dios para la felicidad del ser humano.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
