«Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer»»
1 Corintios 10: 12.
¿Dedicas tiempo diario a la comunión con Dios? ¿Eres sexualmente pura? ¿Estás entregada a tu familia? ¿Devuelves fielmente los diezmos y las ofrendas? ¿Eres activa en tu iglesia.?. Si has respondido sí a estas preguntas, ¡excelente!, pero recuerda que, aun cuando aparentemente estás al día en conducta cristiana, sigues corriendo riesgos.
Hay un aspecto de la batalla espiritual que es difícil de ver porque, en realidad, está oculto, pertenece al ámbito interior de la persona. A veces creemos que solo corremos peligros en la vida cristiana cuando hacemos cosas equivocadas (cometemos pecados), pero existe otro riesgo, que es caer en el orgullo de creer que ya lo hacemos todo bien. La persona que piensa así puede sentirse en tan elevado terreno espiritual que pierda la verdadera perspectiva cristiana. Es un peligro creerse lo suficientemente buena.
Quizá pocos en nuestras iglesias se preocupan por este aspecto de la vida cristiana, pero es una gran prueba del carácter. Una vez salvos no significa salvos para siempre. Diariamente se libra una batalla espiritual entre Dios y Satanás respecto a nuestra fidelidad. Si nos creemos justas por causa de nuestra conducta externa podemos llegar a despreciar la salvación que un día aceptamos. Al fin y al cabo, «ya lo hacemos todo bien».
Las mujeres que «lo hacen todo bien». pueden enfrentar tentaciones sutiles como: «Qué bueno que alcanzaste el equilibrio espiritual!». «Tu salvación está asegurada por todo lo que haces para Dios y la iglesia». Y cuanto más involucrada esté con las cosas de Dios, más sutil puede ser la tentación de pensar así. Satanás puede usar ese estilo de vida de <<cristiana exitosa>> para llevarnos a evitar autoconfrontarnos con la verdadera realidad de nuestra vida espiritual. lncluso puede usar los halagos de otros para alejarnos de lo importante: la sumisión a Dios para que moldee nuestro carácter y nos use para él.
Solo estaremos seguras si ceptamos que el crecimiento y la madurez espirituales son algo de cada día; continúan siempre por medio de la búsqueda de asemejarnos cada vez más a Dios. Mientras estemos en este mundo, no lo habremos alcanzado ya. Solo estaremos completamente libres de caer en pecado cuando nos encontremos en el reino de Dios. Por eso, sigue buscando cada día la comunión con Dios y la transformación. No importa cuál sea la etapa espiritual en la que te encuentres, aún queda mucho por crecer, aún te esperan nuevas experiencias y victorias. No permitas que el enemigo te venza con la creencia de que ya lo has alcanzado.
Si piensas que estás firme, ten cuidado de no caer.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
