«Entonces, ¿busco ganarme la aprobación humana o la de Dios? ¿Piensan que procuro agradar a los demás? Si yo buscara agradar a otros, no sería siervo de Cristo»
Gálatas 1: 10.
Cuenta una historia que una mujer quería tener todo el conocimiento del mundo, por lo que le fue a pedir ayuda a un sabio. Este le dio varios libros y la dejó a solas para que leyera. Durante varios meses, cada mañana, el sabio iba a ver cuánto progreso había hecho la mujer, para lo cual le preguntaba: ¿Ya lo sabes todo?». Ella le respondía: «No». Entonces, el sabio le daba en la cabeza con una vara.
Cierto día, el sabio repitió la pregunta. Cuando oyó el «no» como respuesta se preparó para aplicar el castigo. Levantó la vara y, al bajarla para darle con ella en la cabeza a la mujer, esta lo detuvo. Se sorprendió cuando oyó al sabio decir: <<¡Felicitaciones! Ahora ya sabes que nadie puede saberlo todo y has aprendido a detener el dolor».
Aprender a detener el dolor…¡Qué concepto tan importante! Hay mujeres que no solo no saben cómo defenderse del dolor sino que, al contrario, se vuelven codependientes de los problemas ajenos, ocasionándose dolor a sí mismas.
El psicólogo y autor Robert Subby define la codependencia como «un estado emocional, psicológico y conductual, desencadenado cuando una persona ha estado expuesta prolongadamente a una serie de normas opresivas que evitan la manifestación abierta de sentimientos y la discusión directa de problemas personales e interpersonales».
Según Melody Beattie, autora del libro Ya no seas codependiente, los hijos de Padres alcohólicos, las personas que interactúan con otras emocional o mentalmente perturbadas, los enfermos crónicos e irresponsables y los padres de hijos problemáticos tienen mayor probabilidad de desarrollar codependencia. Ciertas normas y acuerdos tácitos desarrollados en el hogar (como la prohibición de discutir los problemas, de expresar abiertamente los sentimientos, y de comunicar honesta y directamente expectativas realistas) pueden conducir a la codependencia.
Piensa en lo siguiente. ¿Te preocupas demasiado por los demás? ¿Te obsesionas por controlar el comportamiento de tu hijo, de tu cónyuge, de tu padre o de tu mejor amiga? ¿Dices sí cuando quieres decir no? ¿Te identificas con la codependencia que acabamos de describir? Si es así, ten presentes tres cosas:
1) Nadie puede cambiar a nadie (es más, nos enfermaremos si insistimos en hacerlo).
2) La codependencia es unaforma de ponerse en el lugar de Dios.
3) Haz lo que está a tu alcance: retírate y permite que el lugar que ahora ocupa la otra persona en tu mente, lo ocupe Dios.
Depende solo del Señor, entregándole a él todo lo que está más allá de tus fuerzas.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
