“Los fariseos y los maestros de la ley lo criticaban por esto, diciendo “Este recibe a los pecadores y come con ellos”” Lucas 15:2.
La iglesia es una comunidad de santos, ¿no es así? En ella vemos a la hermana tal y el hermano cual, que todos sabemos que son «santos». Esto es verdad en cierto modo, ya que todos somos santificados por medio de Cristo. Pero también es verdad que la iglesia es una comunidad de pecadores. Todos estamos fatal, porque vivimos en mundo que está fatal. Y es que cuando el pecado entró en nuestro planeta, fue como una bomba que devastó la perfecta creación de Dios. Todo empezó a desmoronarse y comenzamos a lidiar con el pecado.
Afortunadamente, Dios ha diseñado un plan perfecto para redimirnos y garantizarnos que viviremos una vida perfecta en otro mundo que será perfecto, mejor de lo que pudiéramos imaginar, y para toda la eternidad. Pero por ahora, seguimos aquí, pasándola mal, incluso los cristianos que formamos parte de la iglesia. Comprender esto, nos ayudará a vivir más felizmente como parte de la familia de Dios.
El problema es que muchos creemos que la iglesia es una comunidad de santos, y nos cuesta admitir sus problemas e imperfecciones. Por eso, si alguien tiene problemas de adicción a la pornografía o de gestión de la ira, por ejemplo, ilas últimas personas con las que desea hablar son las de la iglesia! Si entendemos que la iglesia es, en realidad, una comunidad de pecadores, estaremos más dispuestos a admitir nuestras propias imperfecciones, porque sabemos que los demás creyentes también las tienen. Si lo entendemos así, dejaremos de juzgar a los demás con tanta dureza. Tampoco esperaremos que los adultos de la iglesia sean perfectos; simplemente comprenderemos que tanto adolescentes como adultos somos pecadores, y que todos estamos en el mismo viaje espiritual que consiste en conocer y amar a Dios cada día un poco más.
Jesús dijo: «No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se vuelvan a Dios» (Lucas 5: 32). Jesús está ansioso por ayudar a todo el que reconoce que necesita ayuda. Esforcémonos en ser compasivos con los demás como lo fue Jesús. Y cuando necesitemos ayuda, no temamos recurrir a los hermanos de la iglesia para pedir apoyo y aliento, ya que esta es la función de la iglesia.
Ponlo en práctica: Da ejemplo en tu iglesia, mostrándote abierto y transparente en tu vida espiritual. Cuando otros vean que vives un cristianismo auténtico, se sentirán impulsados a imitarte.
Ponlo en oración: Comienza tu viaje de autenticidad siendo auténtico con Dios. Cuéntale las luchas y alegrías que experimentas al seguirlo.
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Tomado De: Lecturas Devocionales Para Adolescentes 2018.
“¿Y Entonces…?”
Por: Heather Quintana
