«A TI CLAMO PORQUE TÚ ME RESPONDES» (SALMO 17:6, NVI).
Medio millón de personas, en más de cinco mil aviones, están volando en este momento sobre los cielos de Estados Unidos. No tengo idea de cuántos meses de mi vida he pasado dentro de un avión si sumara todos los vuelos en uno solo. Aun así, cada vez que voy de un lugar a otro, me maravillo con la increíble osadía humana: ¡volar!
¿Sabías que un avión despega del suelo a 200 km/h?
¿Y que 900 km/h es una velocidad común en un vuelo?
La altitud de crucero puede superar los 10 mil metros, sin mencionar que existen aviones de dos pisos que transportan hasta seiscientas personas al mismo tiempo. Seguro has visto alguno.
¿Sabes cuánto pesa cuando está cargado? ¡Casi 600 toneladas! ¿Cómo todo eso logra flotar entre las nubes? Con velocidad y alas, necesariamente dos alas. Por eso, prefiero sentarme cerca de ellas cuando viajo en el avión. Me da una mayor sensación de seguridad. Porque, en esencia, las alas son el gran secreto para que una gigantesca máquina de acero y vidrio se sostenga en el aire. El viento que pasa por arriba de ellas sopla más rápido que el que pasa por debajo, y eso genera una fuerza de abajo hacia arriba que hace que leviten esos miles de kilos.
¿Y sabes cuáles son las dos alas que nos permiten volar con Jesús? La Biblia y la oración. Muchos complican la aventura de vivir con Cristo, pero para llegar a las alturas y estar cerca de él solo necesitas esas dos cosas.
Primero, si tienes dos oídos y una boca, es para escuchar más y hablar menos. En este caso, «escuchar» la Palabra de Dios. La Biblia es un libro fascinante de historias y sorpresas, capaz de poner los misterios del universo en la palma de tu mano. Para volar, debes leer. Y créeme, es mejor que cualquier videojuego o película hechos por los hombres.
Después, para volar con Dios, también debes hablar, pero hablar con la Persona correcta y de la manera correcta. Cualquier momento es bueno para estar en línea con el Dueño de las galaxias. Hablar con el Padre celestial es más importante que conversar con el presidente de tu país. Y, además, es tan fácil como cerrar los ojos ahora mismo. Si la oración es hablar con Dios como con un amigo, puedes estar seguro de que él quiere saberlo todo sobre ti: tu comida favorita, tu equipo de fútbol, tus calificaciones en la escuela y hasta tus sueños imposibles. Él siempre te escuchará. ¡Siempre!
Entonces, ¿quieres volar al cielo? Lee y habla. Biblia y oración. Dos alas. Y siéntate en las nubes.
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Tomado de la: Lectura Devocional de Adolescentes 2026
«LA VUELTA AL MUNDO EN 365 DÍAS»
Por: Odailson Fonseca
Colaboradores: Brandon Hernández y Claudia Escamilla
