«Por lo tanto, el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas uiejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo» (2 Corintios 5: 17).
En 2011 salió en las noticias Karen Butler, una mujer de Oregón (EE. UU.) que. tras una operación quirúrgica, comenzó a hablar con acento irlandés. En 2010, un hombre africano se despertó hablando con acento italiano después de sufrir dolor de cabeza durante semanas. En 2008, Julie Frazier, de Indiana (EE. UU.), sufrió ataques de migraña durante varios meses y, como resultado, comenzó a hablar con acento británico y ruso, dependiendo de lo cansada que estuviera. Y en 2010, Sarah Colwill, del Reino Unido, sufrió un dolor de cabeza tan extremo que tuvo que llamar a una ambulancia. Más tarde, cuando se despertó en el hospital, hablaba con acento chino.
Seguro que piensas que me lo estoy inventando, pero estos casos son reales, y hay otros similares. Esto que les sucedió a estas personas se conoce como síndrome del acento extranjero, y es una enfermedad rara que a menudo se manifiesta como efecto secundario de una afección cerebral grave o un traumatismo craneoencefálico. Las personas que sufren esta dolencia terminan hablando en su lengua materna con un acento que los demás perciben como extranjero.
Seguramente tú nunca llegarás a adquirir un acento diferente, pero la Biblia dice que cuando Jesús vuelva, te convertirás en una persona completamente nueva. «Por lo tanto, el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo» (2 Corintios 5: 17). Y cuando Dios nos transforme en nuevas criaturas, hablaremos de manera diferente, con más cariño y paciencia. Cuanto más conozcamos a Jesús, más sonaremos como él. De manera que no, seguramente a corto plazo no termines hablando con acento extranjero, pero cuando te conviertas en un nuevo ser en Cristo, gradualmente comenzarás a sonar más como él y, en realidad, eso es mucho más emocionante que aparecer hablando con acento ruso de la noche a la mañana.
Ponlo en práctica: Comparte tus creencias. Cuando surja la oportunidad, que no te dé vergüenza hablar de Dios o dedicar unas bonitas palabras a otra persona.
Ponlo en oración: Pide a Dios que te ayude a decir cosas que enriquezcan a los demás utilizando palabras que lo representen bien.
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Tomado De: Lecturas Devocionales Para Adolescentes 2018.
“¿Y Entonces…?”
Por: Heather Quintana
