miércoles , 28 octubre 2026
Matinal Para Adolescentes 2018

PODRIDO DE ENVIDIA

«La mente tranquila es vida para el cuerpo, pero la envidia corroe hasta los huesos». (Proverbios 14:30).

 

Imagina esta situación. Llegan a tu escuela dos chicos nuevos, dos hermanos, un chico y una chica que parecen tenerlas todas consigo: buena apariencia, gran habilidad atlética, buenos estudiantes, ropa con estilo, personalidades encantadoras, una familia cariñosa, autos nuevos (uno para cada uno, por supuesto)… Y, para remate, todos tus compañeros de clase los merodean para hacerse sus amigos o conseguir una cita con uno de ellos.

¿Cómo te sentirías respecto a estos nuevos compañeros? Quizás pienses que sería genial, o puede que los consideres unos engreídos y «mejores» que tú. Si te pareces a la mayoría de los adolescentes, seguramente te sientas un poco celoso y, si es así, ese sentimiento de envidia puede provocar en ti resentimiento o rechazo hacia ellos.

En la Biblia, el joven José parecía tenerlas todas consigo. Génesis 37:11 menciona que «sus hermanos le tenían envidia». ¿Recuerdas las consecuencias que tuvieron para ellos aquellos celos? Los pagaron con José.

Al igual que los hermanos de José, quizás pienses que los celos son algo entre tú y la persona que ha provocado en ti esos sentimientos de envidia; sin embargo, la realidad es que cuando estamos celosos de alguien, nuestro problema no tiene nada que ver con esa persona, sino con Dios. En el fondo, creemos que no ha sido justo con nosotros y nos ha «timado». Podría habernos hecho más lindos, más ricos, más populares, atléticos o inteligentes: podría haberlo hecho, pero no ha sido así, y eso provoca que nos sintamos mal.

¿Sabes una cosa? Tenemos una perspectiva limitada y por eso no podemos comprender del todo la manera de actuar de Dios. De acuerdo con las Escrituras, el Señor trae cosas buenas y cosas malas sobre los justos y los injustos (ver Mateo 5: 45). Aunque no podemos entender su plan maestro, podemos confiar en que nos dará lo que necesitamos. Mientras sigamos pensando que el Señor nos debe algo, continuaremos sintiendo envidia de otras personas que tienen lo que quieren. La mejor manera de arrancar de nosotros esos sentimientos negativos de envidia es centrarnos en estar agradecidos por las cosas que sí tenemos.

Ponlo en práctica: ¿Hay personas hacia quienes actúas de manera desconsiderada porque estás celoso de ellas? Desde hoy, procura tratarlas con más amabilidad.

Ponlo en oración: Da gracias a Dios por las bendiciones que te ha dado, y dile que confías en que te proporcionará todo lo que necesitas.

#MatinalDeAdolescentes
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias

 

Tomado De: Lecturas Devocionales Para Adolescentes 2018.
“¿Y Entonces…?”
Por: Heather Quintana

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