«Tan pronto como llegó, Judas se acercó a Jesús y dijo: «¡Rabí»! Y lo besó»
Marcos 14: 45.
Judas, el único discípulo que no fue elegido por Jesús, decidió seguirlo con la esperanza de obtener una posición elevada en su futuro reino.
Con sus talentos y habilidades, Judas logró obtener el respeto de los discípulos pero, veladamente, criticaba a cada uno de ellos; le parecía que, con ellos, la iglesia no avanzaría, pues no percibían las oportunidades ni aprovechaban las circunstancias.
Pero, Judas «no era insensible a la hermosura del carácter de Cristo; y a menudo, mientras oía las palabras del Salvador, afloraba la convicción de su culpabilidad» Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, cap. 55, pag. 416. Deseaba cambiar, pero entre desear y permitir que la voluntad prevalezca hay un espacio peligroso. Ignoraba que tenía un carácter débil, y Cristo lo puso donde tuviera la oportunidad de observarlo y corregirse.
La vida íntegra y altruista de Jesús contrastaba con la disposición codiciosa de Judas. Cada vez que recibía dinero, Judas era tentado a quedarse con parte de él. Cualquier favor que le hacía a Jesús era un pretexto para creer que merecía una remuneración. A los ojos de Dios, sin duda Judas era un ladrón.
La codicia lo llevó a traicionar a Jesús, creyendo que el Maestro impondría,su reino y se defendería para no ser arrestado. A pesar de todo, Jesús amaba a Judas e intentó alcanzarlo hasta el final. Judas no traicionó a Jesús por causa de un acto impensado, sino que planeó cuidadosamente lo que iba a hacer.
Después de la traición, Judas afirmó que había traicionado sangre inocente, pero su confesión no era genuina. Solo sentía tristeza por las consecuencias de sus actos, nada más. Se había apartado tanto de Jesús que no se perdonaba a sí mismo. Judas tampoco pudo aceptar el perdón que le ofrecía Jesús. Horrorizad0, no pudo ver solución que no fuera el suicidio. Qué triste que personas talentosas, que podrían hacer avanzar la obra de Dios, acaricien pecados y terminen fracasando espiritualmente.
Asistir a la iglesia y participar activamente en ella no lo es todo. «Nadie puede decir hasta dónde irá en el pecado, una vez que se entrega al poder del gran engañador. Satanás entró en Judas Iscariote y lo indujo a traicionar a su Señor» (Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, t. 5, pág. 97).
Dios nos da oportunidades para que no nos perdamos, pero nuestros pecados acariciados pueden definir nuestra situación, situándonos definitivamente del lado de Satanás. ¿Aceptas diariamente la regeneración que Cristo te ofrece?
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
