«De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia»
1Corintios 10: 25.
En diferentes momentos de la vida puedes cometer errores sin darte cuenta. Por ejemplo, cuando viajas a otros países sin conocer sus costumbres, su cultura o el significado que le pueden otorgar a una palabra o a una acción. Puedes continuar con la rutina sin percatarte de que has ofendido a alguien.
En los tiempos del apóstol Pablo, la Iglesia en Corinto tenía que convivir con los residentes de la ciudad. Después de todo, seguían siendo vecinos, conocidos y muchos eran amigos; sin embargo, los miembros de esa iglesia ahora vivían de una manera diferente, porque habían sido preparados para vivir como cristianos, de manera que no cometían adulterio, no comían carne sacrificada a ídolos ni la sangre o la carne de animales estrangulados. El problema era que muchos de ellos no sabían qué carne había sido ofrecida a los ídolos y la cuestión se agravaba cuando las personas que ofrecían sus sacrificios a los ídolos llevaban la carne de los animales a la carnicería para vender. Las personas que iban a comprar víveres a la carnicería no sabían de dónde venía la carne y, claro, los vendedores tampoco eran tan honestos; ese era su negocio.
Pablo, entendiendo la problemática que enfrentaban los cristianos y dado que algunos se acusaban entre sí de estar comiendo carne sacrificada a ídolos o quizá por el testimonio que se daba sin querer a los no cristianos, consideró aconsejarles que comieran sin preguntar nada. Por supuesto, Pablo estaba hablando de todo lo que los cristianos podían comer. Ningún cristiano o judío iba a consumir carne considerada inmunda por las Escrituras, pero el consejo era que tampoco estuvieran preguntando si esa carne había sido ofrecida a los ídolos o no.
Cuando una persona va a la carnicería, va a comprar carne. Para Pablo no era sino un expendio donde se podía conseguir dicho alimento. Los que la compraban lo hacían con el objetivo final de consumirla y no para usarla como una ofrenda a los ídolos. Al dar este consejo esperaba que las posibles sospechas, los malentendidos, los chismes o la culpabilidad de unos a otros terminara. La iglesia tenía muchas otras cosas en qué ocuparse como para estar entretenida y amarrada en las críticas entre los unos y los otros por la carne.
¿Pero no te parece que en la actualidad el diablo hace lo mismo? Puedes estar en la iglesia demasiado entretenido con las discusiones sin importancia, pero al mismo tiempo estás descuidando una relación genuina con el Señor, dejando de lado la tarea más importante: la proclamación del reino de Cristo por palabra y testimonio. Háblale a tus amigos de Jesús.
El es más importante que cualquier costumbre o doctrina, porque todo es por su gracia.
Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2026
«POR SU GRACIA»
Por: Isaías Espinoza
Colaboradores: Nesthor Caraballo y Silvia García F.
