«Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga »
1Corintios 10: 12.
La historia de la conducta del ser humano desde la caída queda muy bien ejemplificada por la historia de Israel como pueblo y como individuos; con frecuencia eran seducidos a cometer el mal y a desobedecer al Señor. Vez tras vez se encuentran historias de cómo Dios lo llamaba, al arrepentimiento y el pueblo de Israel respondía en muchas ocasiones tan solo cuando ya no había otro camino o no respondía, aun cuando eso implicaba su destrucción.
De vez en cuando, sin embargo, se levantaba un rey que, haciendo caso al Señor y a sus profetas, llevaba a cabo una serie de reformas para hacer que el pueblo fuera obediente a Dios, solo para que luego de su muerte viniera su hijo u otro y echara por tierra todo lo que se había logrado. Finalmente, como una pequeña vela que se va apagando, el pueblo de Israel dejó de ser el pueblo escogido de Dios por su desobediencia, pero Dios aún sigue teniendo misericordia, de ellos como individuo.
El apóstol Pablo, entendiendo la conducta humana, hace una advertencia sumamente importante en el versículo de hoy. El punto es que, como seres humanos, las personas oscilan en muchas ocasiones entre la lealtad y la desobediencia a Dios. En general, cuando las cosas están bien, no se acuerdan de Dios; sin embargo, cuando las cosas son difíciles en la vida, hacen votos de obediencia y de lealtad hacia Dios, solo para ver que, cuando la crisis ha pasado, nuevamente relajan su conducta hacia el pecado.
La Biblia habla de esta triste condición: por naturaleza los humanos son pecadores, dados a participar en pecados deliberados hasta el punto que el Señor dice: «No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios» (Romanos 3: 11). ¡Qué difícil situación!
Seguramente te has cerciorado, como yo, de que cuanto más seguro estás de que eres fiel a Dios, más irremisiblemente caes con una conciencia que te traiciona. Pareciera que ser obediente se vuelve una empresa casi imposible de lograr.
Pero ahí está Dios, siempre fiel, siempre esperando, siempre listo para ayudar. Su Santo Espíritu te abraza, te envuelve, te ayuda, te transforma. Tu caso no es desesperado porque su gracia esta lista siempre para quienes se comprometan de todo corazón a obedecerlo por amor.
Hoy te invito a aceptar su gracia. El murió por ti.
Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2026
«POR SU GRACIA»
Por: Isaías Espinoza
Colaboradores: Nesthor Caraballo y Silvia García F.
