«Antes de sufrir, yo andaba descarriado; pero ahora obedezco tu palabra». Salmo 119: 67, RVC.

Hoy, en el gran Día de la Expiación, es nuestro deber confesar nuestros pecados y reconocer la misericordia y el amor de Dios al perdonar nuestras transgresiones. Agradezcamos al Señor por las amonestaciones que nos ha dado para salvamos de nuestros perversos caminos. Ofrezcamos un testimonio de su bondad manifestando un cambio en nuestra vida. Si se arrepienten aquellos a quienes el Señor ha enviado reprensiones, advirtiéndoles por ese medio que no están andando por el camino que él trazó, y con humildad y contrición de corazón confiesan su pecado, de cierto que podrán contar otra vez con el favor del Señor.
Un gran prueba se halla delante de nosotros. Nos toca, pues, aplicar toda nuestra habilidad y capacidad para contribuir al progreso de la obra de Dios. Hemos de emplear todos los talentos que el cielo nos ha dado para edificar no para desanimar y derribar. […] En todos los períodos de la historia de la iglesia, los mensajeros escogidos por Dios se han expuesto al vituperio y la persecución por causa de la verdad. Pero dondequiera se vean obligados a ir sus discípulos, aun cuando, como el discípulo amado, sean desterrados a una isla solitaria, Cristo sabrá dónde están y los fortalecerá y bendecirá, llenándolos de paz y gozo.— General Conference Bulletin (1900).
#LosBeneficicosDeLasAflicciones
#DevocionalVespertino
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias
TOMADO DE:
Devocional Vespertino Para 2017.
“HIJOS E HIJAS DE DIOS”
Por: Elena G. de White.