«¿Sobre qué bases descansa la tierra? ¿Quién puso la primera piedra, mientras cantaban a una voz las estrellas de la mañana y los ángeles lanzaban gritos de alegría?». Job 38: 6-7, PDT
CUANDO «FUERON, PUES, ACABADOS los cielos y la tierra, y todo lo que hay en ellos» (Gén. 2: 1), el Creador y todos los seres celestiales se regocijaron en la contemplación de la gloriosa escena. «Alababan juntas todas las estrellas del alba y se regocijaban todos los hijos de Dios» (Job 38: 7). — El Deseado de todas las gentes, cap. 80, p. 727. Cuando salió de las manos del Creador, la tierra era sumamente hermosa. La superficie presentaba un aspecto multiforme, con montañas, colinas y llanuras entrelazadas con magníficos ríos y bellos lagos. Pero las colinas y las montañas no eran abruptas y escarpadas, ni abundaban en ellas declives aterradores, ni abismos espeluznantes como ocurre ahora; las agudas y ásperas cúspides de la rocosa armazón de la tierra estaban sepultadas bajo un suelo fértil que producía por todas partes una frondosa y verde vegetación. No había pútridos pantanos ni desiertos estériles. Impresionantes arbustos y delicadas flores deleitaban la vista por doquier. Las alturas estaban coronadas con árboles aún más imponentes que los que existen ahora. El aire, libre de impurezas, era saludable. El paisaje sobrepasaba en hermosura los adornados jardines del más suntuoso palacio de la actualidad. La hueste angélica presenció la escena con deleite, y se regocijó en las maravillosas obras de Dios. —Patriarcas y profetas, cap. 2, p. 23.
«Desde antes que seformaran los montesy que existieran la tierra y el mundo, desde los tiempos antiguosy hasta los tiempos Postreros, tú eres Dios».