«Acuérdate de todo el camino por donde te ha traído el Señor tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para humillarte, para probarte y saber lo que estaba en tu corazón». Deuteronomio 8:2.
El desierto no es un lugar común. Es una zona extrema donde hay más incertidumbres que garantías. Es una escuela sin paredes que enseña el arte de la dependencia. Varios personajes bíblicos pasaron por este pit stop. Moisés, Josué, Elías, Pablo y el propio Jesús descubrieron en carne propia las poderosas lecciones de la privación.
¿Alguna vez estuviste en un desierto? Si la respuesta es «sí», estarás de acuerdo conmigo en que es uno de los lugares más desafiantes. El sol castiga durante el día, el frío es cortante por la noche, el viento lleva arena a los ojos, los pies se llenan de ampollas, falta agua y alimento, se siente aburrimiento y soledad, sin contar la sensación de que se camina en círculos. Definitivamente, no es un lugar interesante para vivir.
Ahora piensa en la realidad del pueblo de Israel: cerca de dos millones de personas que viajan por el desierto durante cuarenta años. Realmente, no fue tarea fácil para Moisés liderar a toda esa gente. Imagina: niños y ancianos cansados del camino, enfermos gimiendo de dolor, mujeres embarazadas buscando descanso y, por supuesto, muchos «quejosos» queriendo volver a Egipto. Definitivamente, el desierto fue una prueba para Moisés.
Después del tiempo de peregrinación, cuando los remanentes de Israel llegaron a las puertas de Canaán, Dios explicó la razón por la cual condujo a su pueblo al desierto: «Para humillarte, para probarte y saber lo que estaba en tu corazón» (Deut. 8:2). A través de las dificultades, Dios quería enseñarle a confiar totalmente en él. Así como un agricultor separa el grano de la paja, Dios purificó el carácter de sus hijos.
Así como ocurrió con el pueblo de Israel, muchas veces Dios también nos conduce al «desierto». Según Elena G. de White, «las pruebas de la vida son los instrumentos que Dios usa para eliminar de nuestro carácter toda impureza y tosquedad» (El discurso maestro de Jesucristo, p. 26). Si hoy te encuentras en un desierto, recuerda que Cristo va adelante en tu camino. Al final, todo saldrá bien.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Jóvenes 2026
«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Herber G. Pérez y Kimberly Rodríguez
