«Olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta»
Filipenses 3: 13, 14.
En el año 2015, el Departamento de Salud de la Iglesia Adventista en Estados Unidos organizó una carrera de 3 millas, con más de dos mil quinientos participantes. Alrededor de las 4:00 de la mañana, con mi esposo y otros familiares, en pantalón corto y camiseta, pusimos bananas, agua y miel en la mochila y recorrimos -en auto 40 millas para llegar al lugar de la carrera. Cuando llegamos, aún estaba oscuro.
Después de varios reencuentros y de tomarnos algunas fotografías, ajustamos el chip en la zapatilla y el número en la camiseta. A las 6:00 comenzó la carrera.
Al principio, nos parecía que nos faltaba el aire. Era la ansiedad… Entonces, apareció el cartel de la primera milla. iFinalmente, en 28 minutos y 52 segundos, crucé la línea de meta! Solo después de haber recorrido la primera milla es posible recorrer la segunda que. está adelante, pero muchas personas se esfuerzan por hacer la segunda milla sin haber aprendido a andar la primera.
¿Eres capaz de hacer algo por otros, de forma sincera, sin esperar nada a cambio? ¿Consigues convivir con las diferencias de tu cónyuge sin ofenderte constantemente por lo que dice o lo que hace? ¿Te has dado cuenta de que tus hijos no cumplen tus expectativas y, aun así, los respetas, los amas y les das libertad para que sean quienes ellos son? ¿Alguna vez fuiste acusada injustamente por alguien y sentiste misericordia del ofensor? ¿Es natural: para ti, en tu rutina diaria, sonreír y ofrecer favores, sin hipocresía, a quien te hace sentir menos? ¿Perdonas siempre a quien no te trata bien? iTodo esto es caminar la segunda milla! Pero solo conseguiremos transitarla con un sentido pleno de realización después de haber andado la primera milla. ¿Cuál es la primera milla que debemos caminar? Reconocer quiénes somos y darle espacio a la actuación divina para que nos transforme de acuerdo a lo que él es.
El apóstol Pablo usó la metáfora de una carrera para ilustrar la trayectoria cristiana. Teniendo en mente el premio por conquistar, él reunía fuerzas con absoluta dedicación a la carrera y a la dependencia de Dios, sin mirar al pasado para no perjudicar el ritmo, mirando al frente, a la próxima milla.
Somos «corredoras» en esta vida, pero recordemos que debemos andar bien la primera milla. Así divisaremos la segunda milla y todo el resto del trayecto.
Y llegaremos a la meta, donde recibiremos el premio celestial.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
