martes , 8 septiembre 2026
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Matinal De Damas 2026

«MUJERES EN DISPUTA»

«Ruego a Evodia y también a Síntique que se pongan de acuerdo en el Señor»

Filipenses 4:2.

Dos mujeres fueron advertidas por Pablo en su Carta a los Filipenses: Evodia y Síntique.

Ellas eran de Filipos. Algunos autores sugieren que eran anfitrionas en cuyas casas se reunían los cristianos filipenses para adorar a Dios y que estaban involucradas en la construcción de la iglesia local, alrededor del año 61 d. C. Es posible que estuvieran dispuestas a ayudar a Pablo. Pero hubo puntos de tensión entre las dos: alguna convicción doctrinaria, resentimientos no resueltos o alguna cuestión de poder.

Alcontrario del resto dela sociedad griega, en la que las mujeres eran separadas y no participaban de la vida pública, en Filipos, Macedonia, las mujeres disfrutaban de una mayor autonomía; desempeñaban papeles importantes en los negocios en la construcción y en la fundación de templos, ciudades y fortalezas; comandaban ejércitos; ejercían cargos públicos y otras funciones.

Evodia y Síntique fueron reconocidas por Pablo como líderes, pero sus desacuerdos perturbaban la armonía y el crecimiento de la congregación. Y él las amonestó a ponerse de acuerdo. Eso significaba evitar discusiones tontas y no provechosas, y pensar más en los otros que en símismas.

Estar en desacuerdo forma parte de las interacciones humanas. Cada uno tiene sus peculiaridades, su visión y percepción dela realidad, las cuales no siempre coinciden. Las diferencias no son malas, puesto que pueden aportar nuevas alternativas. El problema es cuando suceden sin respeto, ni amor, Y terminan en enemistad. Cuando disputamos con otros, deseando ser reconocidos, terminamos estorbando la obra de Dios.

Por debilidad emocional, por deseo de figurar, por querer ser estimadas, o por ser difíciles de lidiar y por disfrutar de las discusiones, algunas «Evodias» y «Síntiques», en lugar de ayudar, terminan transformándose en obstáculos. Eso puede suceder en casa, en la iglesia, en el trabajo y en la comunidad.

Si tuviéramos la mente de Cristo, si siguiéramos el consejo de la Palabra de Dios, no insistiríamos en nuestros propios caminos; elegiríamos lo más amoroso y edificante para el bien de los demás.

Cuando veamos que alguien está en discordia, oremos y ayudemos en la solución del problema. Así,  evitemos fomentar discusiones que no edifican y que intensifican el problema.

Sé un instrumento en las manos de Dios para promover la paz, la armonía y la reconciliación.

Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.

 

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