«DIOS ES NUESTRO REFUGIO Y NUESTRA FORTALEZA» (SALMO 46:1).
Imagina una llanura que se extiende hasta donde alcanza la vista. El cielo se funde con el horizonte, tan recto que parece una regla infinita. La escena podría volverse monótona, si no fuera por una impresionante interrupción en el paisaje. De repente, emerge una roca tan gigantesca que parece un gigante dormido. Es enorme, soberbia y redondeada. No hay duda: es una de las mayores piedras únicas del planeta.
Nos encontramos en Australia, al otro lado del mundo, frente a un lugar casi sagrado para los australianos: Uluru. Esta megapiedra tiene dimensiones descomunales: 9 kilómetros de contorno y 348 metros de altura. ¿Te imaginas un edificio macizo, de más de 120 pisos, que se extiende por cinco manzanas enteras? Ahora viene lo más sorprendente: como si fuera un meteorito caído de las galaxias, el Uluru también está enterrado otros 2,5 kilómetros bajo tierra. ¡Es una piedra realmente increíble!
Ahora, si quieres ver el paisaje más asombroso que atrae a los viajeros exploradores con una imagen increíble, debes visitarla al amanecer o al atardecer. En esos momentos, adquiere un tono rojo brillante tan intenso que sorprende a quienes la observan. El silencio absoluto de la inmensa llanura solo es interrumpido por el viento, haciendo que el escenario sea aún más solemne, mientras el sol proyecta sombras majestuosas sobre esta joya de piedra.
Este espectáculo rocoso es tan sublime que los aborígenes australianos (pueblos nativos casi extinguidos por la invasión inglesa) veneraban el Uluru, creyendo que tenía un poder cósmico. Siglos después, ya casi nadie lo adora, pero todos siguen maravillándose ante este monolito gigante.
Sin embargo, tú no necesitas viajar hasta Australia para experimentar la solidez de Dios. Él es miles de millones de veces más fuerte y estable que esa roca. Sus promesas no cambian. Sus planes no son arrastrados por los vientos de las circunstancias. Dios sigue siendo una Roca firme e inquebrantable, aunque los cielos se desplomen.
Por eso, el salmista David siempre usaba la imagen de una roca para ilustrar la fortaleza de Dios. Porque en él podemos descansar, confiar y seguir adelante sin temor. Después de todo, quien hace del Señor la base sólida de su vida no perecerá en la lucha contra el mal.
No lo olvides, ¿sí? Y todos te verán destacarte con solemnidad en este mundo sin esperanza.
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Tomado de la: Lectura Devocional de Adolescentes 2026
«LA VUELTA AL MUNDO EN 365 DÍAS»
Por: Odailson Fonseca
Colaboradores: Jasiel de la Rosa y Claudia Escamilla
