«NADIE QUE CONFÍE EN TI SERÁ JAMÁS AVERGONZADO» (SALMO 25:3).
El fugitivo Jacob estaba agotado. Corrió como un leopardo hasta sentirse, finalmente, pesado como un elefante. Encontró una piedra donde apoyar la cabeza y cayó preso de un sueño profundo. Después de robarle la primogenitura a su hermano, merecía una pesadilla como esas que atan con alambre de púas el deseo desesperado de despertar. Pero sucedió lo contrario: en lugar de un susto, soñó con el cielo. ¿Te imaginas? Debería haber visto una cárcel, pero vio una escalera. Y, en vez de un carcelero, se encontró con ángeles. ¡Qué manera tan maravillosa tiene Dios de enseñarnos sobre el perdón, la salvación y la restauración!, ¿verdad?
Hablando de escaleras, ¿sabes cuál es la más larga del mundo? Está en uno de los países más hermosos y nevados del planeta: la encantadora Suiza. Allí, una montaña triangular llamada Niesen, apodada «la pirámide suiza», alberga esta increíble escalera. Para llegar a la cima, a 2.363 metros de altura, hay un teleférico hermoso. Y, al lado de sus rieles, una escalera tan larga que solo con mirarla ya te duelen las piernas. ¿Sabes por qué? ¡Tiene 11.674 escalones! Eso equivale a subir más de 52 veces la escalinata del Cristo Redentor, en Río de Janeiro. También equivaldría a subir seis veces el Empire State en Nueva York. Esta escalera casi infinita solo se abre una vez al año para una competencia de «maratonistas de escaleras», y muchos de los que intentan esta subida enorme van quedando por el camino y se suben al teleférico salvador de los que desisten. ¿Te animarías a intentarlo?
Volviendo a la Biblia, la escalera que soñó Jacob era aún más grande que la de Niesen. Esa sí llegaba hasta el cielo. Los ángeles que subían y bajaban mostraban el intenso trabajo divino para conectar nuestra vida de luchas y frustraciones con la eternidad junto al trono de Dios.
Jacob despertó de un sueño profundo, se refregó bien los ojos para comprobar la realidad y salió convencido de que tendría la oportunidad de rehacer su vida.
Contigo sucede lo mismo. Cree que Dios es el Señor de las segundas oportunidades. Y de las terceras, las cuartas… y de muchas más. Solo sigue subiendo por los escalones correctos, confiando en que todo esfuerzo vale la pena si la recompensa es la vida eterna con Cristo.
¿Listo para subir más allá de las nubes?
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Tomado de la: Lectura Devocional de Adolescentes 2026
«LA VUELTA AL MUNDO EN 365 DÍAS»
Por: Odailson Fonseca
Colaboradores: Jhygceli Dávila y Claudia Escamilla
