martes , 19 mayo 2026
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Matinal de Jóvenes 2026

La lección de la acacia

 

 

«Haz que el pueblo construya un arca con madera de acacia, un cofre sagrado que mida un metro con quince centímetros de largo, sesenta y nueve centímetros de ancho y sesenta y nueve centímetros de alto». Éxodo 25:10 (NTV)

El arca de la alianza, el único mueble que se encontraba en el Lugar Santísimo del Santuario y que almacenaba las tablas de los Diez Mandamientos, el recipiente con maná y la vara de Aarón, fue hecha de madera de acacia. Tanto el arca como los varales de madera que servían para transportarla fueron confeccionados con este material y cubiertos con oro. Pero ¿por qué madera de acacia?

Esta particularidad llama la atención, porque la acacia es un arbusto feo, retorcido, espinoso, lleno de nudos, que crece en los lugares más áridos del desierto. Esa madera, a los ojos humanos, no sirve para nada. ¡Ni siquiera los insectos la desean! Después de todo, el árbol deposita en su interior sustancias indeseables para los depredadores, lo que la hace densa y difícil de traspasar.

¿No podría Dios haber ordenado a Moisés que hiciera el arca con un material más fino, como una madera noble o de pino? ¿Por qué no usar el cedro del Líbano, la caoba o la jatoba para guardar los testimonios y revelar la shekinah?

Dios sabía que la acacia, al ser una planta capaz de sobrevivir en los lugares más áridos del desierto, era muy resistente. Solo esa madera dura, que soporta situaciones extremadamente adversas, sería capaz de aguantar la vida nómada del pueblo de Israel. A lo largo de los siglos, el arca resistió las guerras, las tormentas de arena, el sol abrasante del día y el frío intenso de la noche. Dios sabía que, si el arca se hubiera hecho de otra madera más noble, no habría resistido las pruebas.

En la vida, para cumplir ciertas funciones, Dios elige personas que son como la madera de acacia: resistentes a las tormentas y que no se doblegan ante las adversidades. Pueden no parecer tan valiosas a los ojos humanos, ya que no tienen belleza exterior ni estatus social. Sin embargo, Dios ve en ellas un corazón voluntario, valiente y resistente a los ataques del mal.

Recuerda que la apariencia, la posición y el título no tienen ningún valor ante Dios. Para guardar su testimonio y revelar su gloria, él elige personas comunes, como tú y yo, llenas de espinas y nudos, pero dispuestas a ser usadas en su servicio.

 

«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Karla González

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