«Mi amor es todo lo que necesitas: pues mi poder se muestra plenamente en la debilidad». (2 Corintios 12:9).
Soy una persona con tendencia al desmayo: la cosa más simple puede hacer que me caiga desplomada. Me he desmayado en la consulta del dentista, del dermatólogo y del médico. También cuando he visitado a un amigo enfermo y, en una ocasión, mientras esquiaba en lo alto de una montaña. El rescatista que acudió en mi auxilio se apresuró a decirme que sucedía constantemente. «No se preocupe —me dijo—, ¡les sucede a muchos turistas como usted que no están acostumbrados a esta altitud!». Quizás porque estaba solo medio consciente o porque me sentía avergonzada, pero no le dije que vivía en Colorado y que esa era la altitud a la que yo estaba acostumbrada. En una ocasión me desmayé mientras manejaba por una carretera atestada. Después de que la grúa se llevara mi auto destrozado y la ambulancia me llevara al hospital, donde permanecí ingresada cinco días, los médicos me dieron un diagnóstico un poco raro: «Tiene usted tendencia al desmayo».
Afortunadamente, Dios hace todo cuanto está en su mano cuando somos débiles. Sin duda son buenas noticias para los seres humanos pecaminosos, pero especialmente para la gente débil como yo que, digamos, somos delicados. Probablemente tu debilidad no sea la tendencia al desmayo: quizás es un hábito que no puedes abandonar, el genio que no puedes controlar o los miedos que no puedes apaciguar. No importa cuál sea tu debilidad, Dios promete que él será lo bastante fuerte por los dos. De hecho, piensa que tu debilidad es el escenario perfecto en el cual el Señor puede manifestar su poder. Le dijo a Pablo: «Mi amor es todo lo que necesitas; pues mi poder se muestra plenamente en la debilidad» (2 Corintios 12: 9).
Isaías 40: 28-31 recoge una promesa que el Señor hace a todos aquellos que se sientan débiles: «¿Acaso no lo sabes? ¿No lo has oído? El Señor, el Dios eterno, el creador del mundo entero, no se fatiga ni se cansa; su inteligencia es infinita. Él da fuerzas al cansado, y al débil le aumenta su vigor. Hasta los jóvenes pueden cansarse y fatigarse, hasta los más fuertes llegan a caer, pero los que confían en el Señor tendrán siempre nuevas fuerzas y podrán volar como las águilas; podrán correr sin cansarse y caminar sin fatigarse».
Ponlo en práctica: Memoriza los versiculos de Isaias 40: 28-31 y repítelos cuando te sientas cansado, débil o desanimado.
Ponlo en oración: Háblale a Dios abiertamente de tu debilidad y pídele que sea fuerte por ti.
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Tomado De: Lecturas Devocionales Para Adolescentes 2018.
“¿Y Entonces…?”
Por: Heather Quintana
