«No abandones a tu amigo ni al amigo de tu padre; ni vayas a la casa de tu hermano el día que tengas una desgracia
Más vale vecino cercano que hermano distante»
Proverbios 27:10.
Investigadores de la Universidad de Harvard llevaron a cabo un estudio longitudinal de más de ochenta años de duración que confirmó que las buenas relaciones interpersonales contribuyen significativamente a la buena salud (mucho más que el dinero o la genética).
El estudio comenzó en 1938 con una cohorte de 724 hombres divididos en dos grupos:
1) estudiantes de la universidad y
2) habitantes de barrios humildes de Boston.
Cada dos años se les hacían controles médicos y se tomaban imágenes de sus cerebros. También se entrevistaba a los padres de estos, y, más tarde, a las esposas y a los hijos. Muchas conversaciones familiares fueron grabadas.
Robert Waldinger, psiquiatra y cuarto director de la investigación, afirmó que, al reunir todos los datos sobre aquellos hombres finalizado el estudio, «no fueron los niveles de colesterol los que anunciaron cuán bien habían envejecido, sino el grado de satisfacción que sentían en sus relaciones interpersonales. Los que se sentían más satisfechos con sus conexiones humanas a los cincuenta años era los más felices a los ochenta». Se llegó a la conclusión de que la satisfacción que tiene que ver con unas relaciones humanas positivas supera en importancia para la longevidad a otros factores como el éxito profesional, el dinero o la genética. Es decir, que viven más años los que tienen mejores relaciones interpersonales.
La soledad mata, mientras que las buenas relaciones humanas protegen nuestro cuerpo y nuestro cerebro. Otro dato de interés que arrojó la investigación es que las personas que tienen relaciones de confianza conservan la memoria durante más tiempo.
En cierta oportunidad, Jesús estaba enseñando en una casa llena de gente cuando fue interrumpido por un movimiento en el techo. Por un agujero asomó, siendo descolgado por sus amigos, un paralítico. Los amigos fueron el puente entre el hombre y Jesús. Este paralítico también necesitaba sanación espiritual y emocional, pues se sentía culpable por su pasado. Sus amigos se solidarizaron con su situación y lo llevaron hasta la casa, pero era imposible entrar. Entonces, él mismo les sugirió aquella forma inusitada de llegar a Jesús. Al contemplar su doloroso y suplicante semblante, Jesús notó su sufrimiento físico y espiritual, y le concedió el perdón de sus pecados y la cura de su enfermedad.
Los amigos del paralítico fueron fieles a la mayor misión que puede tener la amistad: conducir al otro a Jesús.
Y tú, ¿llevas a tus amigos a Jesús? Tus amistades serán más saludables y completas si las conduces al pleno conocimiento de Aquel que es nuestro Creador, Salvador y Sustentador.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
