lunes , 15 junio 2026

 

Lee el texto de esta semana: Hechos 4

Somos testigos suyos

Al pastor G. le esperaba una mañana de sábado muy ajetreada. Se despertó temprano para prepararse bien para dar la clase de Escuela Sabática, el sermón y una campaña evangelizadora por la tarde. Después de desayunar a toda prisa, tomó las llaves, salió corriendo por la puerta y se alejó a gran velocidad.

Se abrió paso entre el tránsito de la ciudad, molesto por tanto movimiento un sábado de mañana, pues podía hacer que llegara tarde a la iglesia. ¿Adónde iba tanta gente? De repente, un auto se le cruzó por delante. El pastor G. pisó el freno a fondo y levantó el puño con frustración y enojo, mientras le gritaba al otro conductor. Finalmente, llegó a la iglesia. Cuando se levantó para impartir la lección, recorrió la clase con la vista y se detuvo en un rostro familiar: era el conductor al que le había gritado apenas veinte minutos antes.

Más tarde, cuando un miembro de la iglesia le presentó al conductor como alguien que no era adventista y que estaba visitando a unos familiares, el pastor G. se dio cuenta una vez más de cómo cada interacción, tanto con conocidos como con desconocidos, debe estar bañada por el amor que fluye de una relación con Dios. Nunca sabemos cómo nuestras acciones, especialmente como creyentes, pueden repercutir en los demás.

La pregunta no debe ser si nuestra vida es un testimonio, porque todo creyente deja en los demás algún tipo de impresión sobre Dios. La pregunta es qué tipo de testigos somos. ¿Hacemos que las personas se sientan atraídas a Cristo por medio de nuestras palabras y acciones, o que sientan rechazo hacia él por lo mal que nosotros lo representamos? Seamos sinceros: todos podemos pensar en momentos en los que desearíamos haber representado mejor a Cristo. Afortunadamente, Dios nos tiene mucha misericordia y nos ayuda a crecer si somos receptivos.

Jesús nos dio el mandato de compartir su mensaje con el mundo: «Vayan y hagan discípulos» (Mateo 28: 19, NTV). La misión de la Iglesia Adventista del Séptimo Día es hacer discípulos, que a su vez hagan otros discípulos. De esa manera, todos estamos predicando el evangelio eterno y el mensaje de los tres ángeles (ver Apocalipsis 14: 6-12) para preparar al mundo para el pronto regreso de Jesús.

Cualquiera que haya recibido nueva vida en Cristo está llamado a dar testimonio. Aun así, solemos pensar que dar testimonio es algo que no podemos hacer o que no queremos hacer. Quizá lo que te imaginas es que tienes que predicar en la calle o dar un complicado estudio bíblico, por lo cual niegas con la cabeza. «¡Yo no! ¡De ninguna manera! Soy introvertido; dar testimonio no es lo mío». Sin embargo, dar testimonio no tiene por qué ser intimidante, ni es algo ajeno a nuestra vida cotidiana.

El verdadero testimonio es, en gran medida, el resultado de ser testigo ocular de lo que Dios está haciendo en tu vida, de darte cuenta de lo que él te está enseñando a medida que creces espiritualmente. Y, luego, solo se trata de compartir tu experiencia con los demás. Dios es tan bueno… Sin duda, lo que él hizo por nosotros es la mejor noticia que este mundo puede escuchar. ¡No podemos ni debemos permanecer en silencio! Él te redimió; te llamó por tu nombre: tú eres suyo. ¿Puede haber una noticia mejor? Cuando el amor a Cristo llena nuestro corazón, hablamos de él con la misma naturalidad con la que hablaríamos de un amigo.

Esto no quiere decir que Dios no nos sacará de nuestra zona de confort cuando aceptemos su llamado a hablar de Cristo al mundo. Al contrario, Dios usa a personas comunes y corrientes para llevar a cabo las misiones más extraordinarias. A menudo usa a personas tímidas para hablar en su nombre y a personas reacias para atreverse a hacer lo máximo por él. Nuestras aparentes limitaciones son las mayores oportunidades de Dios.

Cuando Jesús vino a esta tierra, eligió a las personas menos prometedoras para que predicaran su mensaje. Las barcas de los pescadores eran el último lugar donde se esperaría que Jesús encontrara el talento que necesitaba. Cuando la gente vio la valentía de Pedro, Juan y los demás discípulos, se maravilló porque les faltaba preparación académica. Esto atrajo aún más la atención sobre el poder de Cristo que obraba en ellos (ver Hechos 4: 13). Hoy en día, Jesús sigue buscando a las personas más improbables para que sean sus valientes testigos ante el mundo.

Lee Hechos 4 y haz un bosquejo o mapa conceptual de este importante capítulo. Escribe de tu versión preferida de la Biblia los versículos 13 al 17. ¿Qué directrices observas en esta historia acerca de cómo ser un testigo de Cristo?

2do trimestre 2026 «UNA RELACIÓN MÁS ÍNTIMA CON DIOS»
Lección # 12 «HABLAR DE JESÚS AL MUNDO»

Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez

Matinales relacionados

inTerpreta

  Consejos para hablar de Jesús La pregunta para ti es: ¿A...

inTerioriza

  Con toda valentía Aunque los discípulos de la iglesia primitiva no...

inQuiere

    inQuiere A medida que avanzamos en este estudio, es importante...

imPlícate

    Ver a Jesús ¿Alguna vez deseaste poder ver a Jesús...