domingo , 7 junio 2026

 

Lee el texto de esta semana: Marcos 4: 35–5: 43

«Dios me estaba tomando fotos»

Una tarde, mientras el sol se ocultaba tras el horizonte, una joven caminaba hacia su casa cuando, de pronto, se desató una tormenta. Como aún le quedaba un trecho para llegar, aceleró el paso. Entonces, una solitaria gota de lluvia le cayó sobre la mejilla. Luego otra, y otra, y, antes de que se diera cuenta, estaba empapada; así que empezó a correr. Cuando abrió la puerta de la casa, su padre le salió al encuentro para taparle los hombros con una cobija. Entonces, el papá le preguntó:

—Te vi hace un momento bajo la lluvia. ¿Por qué cada vez que había un relámpago dejabas de correr, mirabas al cielo y sonreías?

—Miraba al cielo y sonreía con cada relámpago porque Dios me estaba tomando fotos —respondió ella.

¿Qué respondemos nosotros cuando llegan las tormentas de la vida o cuando experimentamos ciertos reveses en nuestra relación con Dios? ¿Bajamos la cabeza mientras la lluvia nos golpea la espalda, o miramos al cielo, sabiendo que Dios está ahí cuando volvemos el rostro hacia él?

Vivimos en un mundo pecaminoso lleno de dolor y sufrimiento y, en ocasiones, enfrentamos dificultades, experiencias que pueden llevarnos a cuestionar el amor de Dios. Quizá no nos aceptaron en la universidad que queríamos; tal vez reprobamos un examen o no conseguimos el trabajo que esperábamos; a lo mejor nos negaron la visa o tuvimos un accidente; quizá se terminó una relación importante a pesar de nuestros esfuerzos para que continuara… A veces, sufrir un revés profesional, social o físico puede desencadenar una lucha espiritual más profunda. Nuestros problemas con familiares, profesores, compañeros de clase, colegas o amigos pueden fácilmente detonar dudas sobre Dios y su presencia en nuestra vida.

Cuando nos encontramos en medio de duras pruebas, no siempre nos resulta fácil tomar distancia para tener una perspectiva más amplia. Sin embargo, con el tiempo, podemos reconocer que nuestros mayores desafíos fueron, en última instancia, para nuestro beneficio. En la eternidad, nuestra perspectiva cambiará aún más. Elena G. de White escribió: «En la vida futura, se aclararán los misterios que aquí nos han preocupado y chasqueado. Veremos que las oraciones que nos parecían desatendidas y las esperanzas defraudadas estuvieron entre nuestras mayores bendiciones» (El ministerio de curación, cap. 40, p. 340). Aunque no siempre podamos explicar el presente, podemos elegir confiar en Dios sea lo que sea que esté sucediendo. Recordar nuestra historia pasada y cómo Dios nos ha guiado puede darnos la confianza de que Dios sigue guiándonos.

La Biblia también revela que hay un propósito más amplio y una historia más grande detrás de nuestras pruebas. La experiencia de Job es un ejemplo clásico de alguien que confió en Dios a pesar de no saber qué había detrás de sus sufrimientos.

Job perdió su riqueza (Job 1: 14-17), a sus hijos (Job 1: 18-19) y su salud (Job 2: 7). Entonces, su esposa trató de convencerlo de que maldijera a Dios y se echara a morir (Job 2: 9). Tiempo después, tres amigos fueron a sentarse con él. Estaban tan conmocionados por su aspecto que no dijeron nada durante siete días (Job 2: 13). Finalmente, cuando hablaron, trataron de ofrecer razones humanas para explicar por qué le había sobrevenido tal desgracia y, sin querer, aumentaron el sufrimiento de Job. Los tres amigos le echaron la culpa a él, diciendo que debía de tener algún pecado oculto en su vida del que necesitaba arrepentirse (Job 8, 11, 15, 21). Aun así, a pesar de los trágicos acontecimientos que lo rodeaban y del hecho de que no los entendía, Job se mantuvo fiel a Dios. Permaneció firme. No culpó a Dios ni lo maldijo.

Nosotros también vivimos en medio de esta misma batalla. Satanás nos aflige con dolor, sufrimiento, pérdidas y dificultades como parte de su plan para distorsionar nuestra imagen de Dios. No quiere que lo veamos como lo que es: un Dios de amor. En esos momentos podemos responder de dos maneras: culpando a Dios y rechazándolo, o aferrándonos a él con todas las fuerzas. Aunque haya una dura batalla librándose a nuestro alrededor, debemos recordar que, a la luz de la eternidad, nuestras dificultades momentáneas no son más que pruebas temporales.

Esta semana, exploraremos qué lecciones podemos aprender de los seguidores de Jesús que enfrentaron desafíos inesperados. Consideraremos cómo podemos utilizar los reveses de la vida para fortalecer, y no debilitar, nuestra relación más importante.

Escribe de tu versión preferida de la Biblia Marcos 4: 37-40. ¿Cuánto te ayuda esta historia a saber navegar las tormentas de la vida?

2do trimestre 2026 «UNA RELACIÓN MÁS ÍNTIMA CON DIOS»
Lección # 11 «REVESES»

Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez

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