Gracia suficiente
La tierra prometida parecía muy lejana para los israelitas, que acampaban bajo la columna de nube en la llanura. Hacía ya muchos días que Moisés había ascendido a la espesa oscuridad que cubría la cima de la montaña. Seguramente su líder ya había muerto, razonaban ellos; si no de hambre, tal vez del fuego consumidor. Los egipcios que había entre ellos se sentían inquietos e impacientes, listos para avanzar hacia la tierra que fluía leche y miel. Aunque estas mismas personas, solo unas semanas antes, habían hecho un pacto solemne con Dios para obedecerlo, ahora querían una imagen que pudieran ver. Así que se reunieron alrededor de la tienda de Aarón y le exigieron que les hiciera un ídolo. Temiendo por su propia seguridad, Aarón cedió.
En Éxodo 32–34, leemos cómo se desarrolla esta impactante historia. Es difícil imaginar al campamento de Israel en abierto desafío y rebelión contra Dios apenas semanas después de haberle prometido completa lealtad. Los términos del pacto se habían leído y simbolizado con claridad. Después de leer el libro del pacto, Moisés roció sangre sobre la gente para ilustrar el tipo de castigo que acarrearía el incumplimiento del pacto (ver Éxodo 24: 7-8). Todos sabían que habían comprometido su vida en el pacto. Cualquiera que lo incumpliera merecía la muerte.
La idolatría estaba prohibida en los términos más explícitos; sin embargo, allí estaban mezclando la adoración a Dios con la adoración a los ídolos (ver Éxodo 32: 4-5). «¿Podrá perdonar Dios una rebelión tan flagrante? ¿Querrá perdonar Dios? ¿Cómo podría perdonarnos?». Estas eran las preguntas que todos se hacían después del pecado del becerro de oro. El pueblo comprendió que su propia existencia estaba en juego (ver Éxodo 33: 4-6). Temían que Dios los destruyera a todos.
Moisés esperó la respuesta de Dios y esta llegó cuando Dios dijo de sí mismo lo siguiente: «¡Dios tierno y compasivo, paciente y grande en amor y verdad! Por mil generaciones se mantiene fiel en su amor y perdona la maldad, la rebeldía y el pecado» (Éxodo 34: 6-7).
Este relato es solo una de las narraciones de las Escrituras que nos enseñan sobre el arrepentimiento y el perdón. Ciertamente todos pecamos, pero, gracias al plan de salvación, el perdón siempre está ahí para el pecador que confiesa y se arrepiente. Cuando estamos dispuestos a reconocer y confesar nuestro pecado, cuando decimos: ¡Oh Señor, aquí estoy otra vez… «¡Ten compasión de mí, que soy pecador!» (Lucas 18: 13), entonces Jesús, que ya ha estado trabajando en nosotros y para nosotros a través del Espíritu Santo incluso antes de que lo invoquemos, ve nuestra carga y nos la quita.
¿Qué te hace dudar del perdón de Dios? ¿Cómo puedes tener una mayor seguridad del perdón de Dios?
2do trimestre 2026 «UNA RELACIÓN MÁS ÍNTIMA CON DIOS»
Lección # 09 «EL ARREPENTIMIENTO Y EL PERDON»
Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez
