La muerte de Cristo
«El aserto de que Cristo abolió con su muerte la ley de su Padre no tiene fundamento. Si hubiese sido posible cambiar la ley o abolirla, entonces Cristo no habría tenido por qué morir para salvar al hombre de la penalidad del pecado. La muerte de Cristo, lejos de abolir la ley, prueba que es inmutable. El Hijo de Dios vino para engrandecer la ley, y hacerla honorable (Isaías 42: 21). Él dijo: “No penséis que vine a invalidar la ley”; “hasta que pasen el cielo y la tierra, ni siquiera una jota ni una tilde pasará de la ley” (Mateo 5: 17, 18, VM). Y con respecto a sí mismo declara: “Me complazco en hacer tu voluntad, oh Dios mío, y tu ley está en medio de mi corazón” (Salmo 40: 8, VM).
»La ley de Dios, por su naturaleza misma, es inmutable. Es una revelación de la voluntad y del carácter de su Autor. Dios es amor, y su ley es amor. Sus dos grandes principios son el amor a Dios y al hombre. “El amor pues es el cumplimiento de la ley” (Romanos 13: 10, VM). El carácter de Dios es justicia y verdad; tal es la naturaleza de su ley. Dice el salmista: “Tu ley es la verdad”; “todos tus mandamientos son justos” (Salmo 119: 142, 172, VM). Y el apóstol Pablo declara: “La ley es santa, y el mandamiento, santo y justo y bueno” (Romanos 7: 12, VM). Semejante ley, expresión del pensamiento y de la voluntad de Dios, debe ser tan duradera como su Autor.
»Es obra de la conversión y de la santificación reconciliar a los hombres con Dios, poniéndolos de acuerdo con los principios de su ley. Al principio el hombre fue creado a la imagen de Dios. Estaba en perfecta armonía con la naturaleza y la ley de Dios; los principios de justicia estaban grabados en su corazón. Pero el pecado le separó de su Hacedor. Ya no reflejaba más la imagen divina. Su corazón estaba en guerra con los principios de la ley de Dios. “La intención de la carne es enemistad contra Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede” (Romanos 8: 7). Mas “de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito”, para que el hombre fuese reconciliado con Dios. Por los méritos de Cristo puede restablecerse la armonía entre el hombre y su Creador. Su corazón debe ser renovado por la gracia divina; debe recibir nueva vida de lo alto. Este cambio es el nuevo nacimiento, sin el cual, según expuso Jesús, nadie “puede ver el reino de Dios”. El primer paso hacia la reconciliación con Dios es la convicción del pecado. “El pecado es transgresión de la ley”. “Por la ley es el conocimiento del pecado” (1 Juan 3: 4; Romanos 3: 20). Para reconocer su culpabilidad, el pecador debe medir su carácter por la gran norma de justicia que Dios dio al hombre. Es un espejo que le muestra la imagen de un carácter perfecto y justo, y le permite discernir los defectos de su propio carácter.
»La ley revela al hombre sus pecados, pero no dispone ningún remedio. Mientras promete vida al que obedece, declara que la muerte es lo que le toca al transgresor. Solo el evangelio de Cristo puede librarlo de la condenación o de la mancha del pecado. Debe arrepentirse ante Dios cuya ley transgredió, y tener fe en Cristo y en su sacrificio expiatorio».— Elena G. de White, El conflicto de los siglos, cap. 28, pp. 460-461
2do trimestre 2026 «UNA RELACIÓN MÁS ÍNTIMA CON DIOS»
Lección # 09 «EL PECADO, EL EVANGELIO Y LA LEY»
Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez
