miércoles , 15 abril 2026
Lección de Universitarios 2026

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Más allá de Israel

Viajando hacia el norte, a la región de Tiro y Sidón, Jesús se trasladó con sus discípulos fuera de las fronteras de Israel a una tierra con una cultura, comida, acentos y religión diferentes. Durante este viaje, una mujer cananea se acercó a Jesús y le suplicó que sanara a su hija poseída por un demonio. Los cananeos provenían de un trasfondo impregnado de politeísmo. Históricamente, adoraban a dioses como Baal y Asera, y practicaban la idolatría y rituales que estaban en clara oposición con la fe de Israel (Deut. 7: 1-5). A pesar de su origen pagano, la mujer reconoció algo único en Jesús. En contraste con la historia de prácticas cultuales brutales de su cultura, como el sacrificio de niños, esta mujer cananea estaba decidida a salvar a su hija a toda costa.

Al principio, Jesús aparentemente la ignora y la rechaza, diciendo: «Dios me ha enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel» (Mat. 15: 24). Esto puede parecer duro, pero Jesús quería enseñar una lección. Su negativa inicial refleja las actitudes de los discípulos hacia los gentiles. La demora de Jesús no es un rechazo; crea un espacio para que la fe de la mujer brille y expone la comprensión limitada de los discípulos sobre su misión. Les está mostrando a los discípulos cómo se ven su favoritismo y su prejuicio. La respuesta inesperada de Jesús debió de sorprender a los discípulos, y eso era justamente lo que pretendía.

Aunque es una extranjera de otra cultura, la mujer cananea reconoce a Jesús como el «Hijo de David», un título que revela que comprendía su identidad mesiánica (Mat. 15: 22). Su reconocimiento es notable, dada su distancia cultural del judaísmo. El erudito R. T. France comenta: «Ella vio en Jesús algo que los líderes religiosos de Israel a menudo pasaban por alto: compasión y poder divino».* Elena G. de White señala: «Bajo la aparente negativa de Jesús, vio una compasión que él no podía ocultar» (El Deseado de todas las gentes, cap. 43, p. 373). En lugar de ofenderse, ella persiste en su fe. Jesús entonces alaba su fe, diciendo: «¡Ah, mujer, tienes mucha fe! ¡Que se haga contigo tal y como quieres!» (Mat. 15: 28, RVC). Este momento muestra que la fe, y no la etnia, es lo que acerca a las personas al redil de las bendiciones de Dios.

Este es el único milagro registrado en esta región, un acontecimiento significativo en el ministerio de Jesús. Los discípulos, vacilantes al principio, son testigos en primera fila de que las «ovejas perdidas de la casa de Israel» no están limitadas por la etnia, sino por la fe. Jesús amplía su comprensión de su misión y les muestra que el amor y la gracia de Dios se extienden más allá de Israel a todos los que creen. Aunque es culturalmente extranjera, esta mujer se convierte en una verdadera oveja de Israel a través de su fe.

Preguntas para considerar:

¿Cómo ayudó Jesús a que brillara la fe de esta mujer?

¿Se te ocurren otros ejemplos en los que Dios utilizó la demora y las dificultades para destacar la fe de las personas?

1er trimestre 2026 «APOLOGÉTICA: EL AREÓPAGO»
Lección # 13  «ESPERANZA PARA LOS NO CRISTIANOS»

Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez

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