jueves , 30 abril 2026
Lección de Universitarios 2026

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El dilema de Buda

Cuando Siddhartha Gautama salió de su palacio, vio sufrimiento. Había enfermedad y muerte por todas partes. No encontraba respuestas satisfactorias a la pregunta del sufrimiento en las enseñanzas del hinduismo, y eso lo atormentaba. En esencia, Gautama luchaba con el problema del mal. Dejó a Dios fuera de la ecuación:1 atribuyó todas las causas del sufrimiento al deseo y al apego, y buscó la libertad por medio de la meditación2 y de una vida ética.3

Steve Prothero, profesor de la Universidad de Princeton, descartó la idea de que todas las religiones son iguales, pero observó algo que todas las religiones tienen en común: «Lo que las religiones del mundo comparten no es tanto una línea de llegada, sino un punto de partida. Y ese punto de partida es esta simple observación: hay algo que anda mal en el mundo».4 Cuando notamos que nuestro corazón hierve ante la injusticia, los agravios y el sufrimiento, sentimos una desconexión en nuestra alma y queremos gritar que las cosas no deberían ser así. Sabemos, en lo más íntimo de nuestro ser, que hay algo que está realmente mal en este mundo; ese sufrimiento sin sentido y aleatorio no debería ser parte del orden natural de las cosas. Como afirma Prothero, esa realidad es lo que todas las religiones intentan explicar.

Vemos en Juan 9 que, cuando Jesús se encontró con el sufrimiento, no lo evitó, sino que lo abordó directamente con compasión y propósito. Luego de encontrarse con un hombre ciego de nacimiento, los discípulos le preguntaron a Jesús: «Maestro, ¿por qué nació ciego este hombre? ¿Por el pecado de sus padres, o por su propio pecado?» (Juan 9: 2). Esta pregunta es un eco de las preocupaciones de Siddhartha. La respuesta de Jesús fue transformadora: «Ni por su propio pecado ni por el de sus padres; fue más bien para que en él se demuestre lo que Dios puede hacer» (vers. 3). En vez de atribuirle el sufrimiento a los pecados pasados o al karma, Jesús lo replanteó como una oportunidad para que se manifestara la gloria de Dios. Luego curó al hombre, le devolvió la vista y demostró que la respuesta de Dios al sufrimiento no es filosófica o distante, sino profundamente personal y redentora.

Como la Luz de este mundo, Jesús trae claridad a las realidades oscuras de la vida, mostrando que, aunque el sufrimiento existe, no tiene la última palabra: la bondad y el amor de Dios son los que tienen la última palabra. Los seguidores de Cristo no deben mantenerse alejados del sufrimiento, sino acercarse a las personas que sufren para mostrarles empatía y brindarles sanidad y esperanza.

Preguntas para considerar:

En Juan 9, ¿cuál fue la respuesta de Jesús al sufrimiento del hombre ciego?

1er trimestre 2026 «APOLOGÉTICA: EL AREÓPAGO»
Lección # 06 «JESUS Y EL BUDISMO»

Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez

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