viernes , 10 julio 2026
Lección de Universitarios 2026

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El líder servidor

«En esta última noche con sus discípulos, Jesús tenía mucho que decirles. Si hubieran estado preparados para recibir lo que anhelaba impartirles, se habrían ahorrado una angustia desgarradora, desaliento e incredulidad. Pero Jesús vio que no podían soportar lo que él tenía que decirles. Al mirar sus rostros, las palabras de amonestación y consuelo se detuvieron en sus labios. Transcurrieron algunos momentos en silencio. Jesús parecía estar aguardando. Los discípulos se sentían incómodos. La compasión y ternura despertadas por el pesar de Cristo parecían haberse desvanecido. Sus entristecidas palabras, que señalaban su propio sufrimiento, habían hecho poca impresión. Las miradas que se dirigían unos a otros hablaban de celos y rencillas. […]

»Era costumbre, en ocasión de una fiesta, que un criado lavara los pies de los huéspedes, y en esa ocasión se habían hecho preparativos para este servicio. La jarra, el lebrillo y la toalla estaban allí, listos para el lavamiento de los pies; pero no había siervo presente, y les tocaba a los discípulos cumplirlo. Pero cada uno de los discípulos, cediendo al orgullo herido, resolvió no desempeñar el papel de siervo. Todos manifestaban una despreocupación estoica, al parecer inconscientes de que les tocaba hacer algo. Por su silencio, se negaban a humillarse. […]

»Jesús aguardó un rato para ver lo que iban a hacer. Luego él, el Maestro divino, se levantó de la mesa. Poniendo a un lado el manto exterior que habría impedido sus movimientos, tomó una toalla y se ciñó. Con sorprendido interés, los discípulos miraban, y en silencio esperaban para ver lo que iba a seguir. “Luego echó agua en una palangana y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura” (Juan 13: 5). Esta acción abrió los ojos de los discípulos. Amarga vergüenza y humillación llenaron su corazón. Comprendieron el mudo reproche, y se vieron desde un punto de vista completamente nuevo.

»Así expresó Cristo su amor por sus discípulos. El espíritu egoísta de ellos le llenó de tristeza, pero no entró en controversia con ellos acerca de la dificultad. En vez de eso, les dio un ejemplo que nunca olvidarían. Su amor hacia ellos no se perturbaba ni se apagaba fácilmente. Sabía que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos, y que él provenía de Dios e iba a Dios. Tenía plena conciencia de su divinidad; pero había puesto a un lado su corona y vestiduras reales, y había tomado forma de siervo. Uno de los últimos actos de su vida en la tierra consistió en ceñirse como siervo y cumplir la tarea de un siervo». (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, cap. 71, pp. 614-616).

3er trimestre 2026 «LAS ESCENAS FINALES»
Lección # 02  «LA ÚLTIMA CENA»

Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez

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