Relacionarse con Dios como Enoc
«En medio de una vida de activa labor, Enoc mantenía fielmente su comunión con Dios. Cuanto más intensas y urgentes eran sus labores, más constantes y fervorosas eran sus oraciones. Seguía apartándose, durante ciertos lapsos, de todo trato humano. Después de permanecer algún tiempo entre la gente, trabajando para beneficiarla mediante la instrucción y el ejemplo, se retiraba con el fin de estar solo, para satisfacer su sed y hambre de aquella divina sabiduría que únicamente Dios puede dar. Manteniéndose así en comunión con Dios, Enoc llegó a reflejar más y más la imagen divina […].
»Durante trescientos años Enoc buscó la pureza del alma, para estar en armonía con el cielo. Durante tres siglos anduvo con Dios. Día tras día anheló una unión más íntima; esa comunión se hizo más y más estrecha, hasta que Dios lo llevó consigo. Había llegado al umbral del mundo eterno, a un paso de la tierra de los bienaventurados; se le abrieron los portales, y continuando su andar con Dios, tanto tiempo proseguido en la tierra, entró por las puertas de la santa ciudad. Fue el primero de los hombres que llegó allí».— Elena G. de White, Patriarcas y profetas, cap. 6, pp. 66-67
«Podemos mantenernos tan cerca de Dios que, en cualquier prueba inesperada, nuestros pensamientos se vuelvan hacia él tan naturalmente como la flor se vuelve hacia el sol.
»Presenta a Dios tus necesidades, tristezas, gozos, preocupaciones y temores. No puedes incomodarlo ni agobiarlo. El que tiene contados los cabellos de tu cabeza no es indiferente a las necesidades de sus hijos. “Es que el Señor es muy compasivo y misericordioso” (Santiago 5: 11). Nuestras aflicciones conmueven su tierno corazón, especialmente cuando las compartimos con él. Llévale todo lo que te confunde. No hay nada que sea tan pesado que él no pueda soportar, pues sostiene los mundos y rige todos los asuntos del universo. Nada que de alguna manera afecte nuestra paz es tan pequeño que él no lo note. No hay en nuestra experiencia ningún episodio tan oscuro que él no lo pueda leer, ni perplejidad tan grande que no la pueda solventar. Ninguna calamidad puede ocurrirle al más pequeño de sus hijos, ninguna ansiedad puede asaltar el alma, ningún gozo alegrarlo, ninguna oración sincera escaparse de los labios, sin que el Padre celestial lo perciba y sin que tome en ello un interés inmediato. […] Las relaciones entre Dios y cada alma son tan especiales y únicas como si no hubiera habido otra alma por la que ocuparse ni por la cual entregar a su Hijo amado».— Elena G. de White, El camino a Cristo, cap. 11, pp. 148-149
2do trimestre 2026 «UNA RELACIÓN MÁS ÍNTIMA CON DIOS»
Lección # 06 «MI VIDA DE ORACIÓN»
Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez
