martes , 19 mayo 2026

 

Jesús nos enseña a orar

En la época de Jesús, las oraciones largas y cuidadosamente elaboradas, como si fueran una actuación, con palabras complejas y a menudo memorizadas, eran muy apreciadas. Sin embargo, Jesús no tenía nada bueno que decir sobre este tipo de oraciones (ver Mateo 6: 5-8). Él reveló que en realidad eran ostentosas muestras de «piedad».

Los discípulos veían a Jesús orar y sabían que la oración era una parte crucial de su vida (ver Lucas 5: 16; 6: 12; 9: 18; 22: 41; 24: 30; Marcos 1: 35; 6: 46). Al observar a Jesús, veían un marcado contraste con los líderes religiosos y se daban cuenta de que la oración era mucho más de lo que ellos habían considerado. Así que se acercaron a Jesús y le pidieron: «Señor, enséñanos a orar» (Lucas 11: 1).

Jesús les enseñó a los discípulos, y a nosotros, que podemos orar de manera sencilla, con un lenguaje cotidiano. Mostró que nuestras oraciones deben ser sinceras y de corazón, no rimbombantes ni teatrales. Lee Lucas 11: 2-4 y Mateo 6: 5-15 y observa los siguientes aspectos de la oración que Jesús enseñó:

  • Padre nuestro que estás en el cielo: Reconoce tu relación personal con el Padre de todos.
  • Santificado sea tu nombre: Reconoce la santidad de Dios y acércate a él con reverencia y respeto.
  • Venga tu reino: Anhela el regreso de Dios y pide que el Espíritu Santo more en ti hasta que él regrese.
  • Hágase tu voluntad en la tierra, así como se hace en el cielo: Ríndete y ora para que se haga la voluntad de Dios en tu vida y confía en que él sabe lo que es mejor, en lugar de simplemente orar por lo que quieres.
  • Danos hoy el pan que necesitamos: Pide lo que necesitas para vivir, tanto física (comida y agua) como espiritualmente (Jesús y la Palabra viva).
  • Perdónanos el mal que hemos hecho, así como nosotros perdonamos a los que nos han hecho mal: Arrepiéntete, busca el perdón y recuerda perdonar a los que te han hecho daño tan generosamente como Dios te perdona a ti.
  • No nos expongas a la tentación, sino líbranos del maligno: Pide protección y refugio del mal en este mundo (ver Salmo 91).
  • Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria por todos los siglos. Amén: Reconoce que todo lo que eres, todo lo que tienes y todo lo que haces pertenece a Dios. Solo él merece que le des gloria y alabanza (ver 1 Crónicas 29: 11).

Así como Jesús enseñó a sus discípulos a orar, así tú puedes seguir esta sencilla estructura cuando te acerques a Dios: alabanza, confesión, peticiones y agradecimientos. Con demasiada frecuencia nuestras oraciones están llenas de peticiones, cuando Jesús nos ha enseñado a orar por mucho más.

¿Por qué no buscar a Dios cada mañana y cada noche para hablar con Aquel que te ama más que nadie? ¿Qué te impide hacerlo, sabiendo que deberías hacerlo? Ora en este momento como Jesús nos ha enseñado a orar.

2do trimestre 2026 «UNA RELACIÓN MÁS ÍNTIMA CON DIOS»
Lección # 06 «MI VIDA DE ORACIÓN»

Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez

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