Cómo estudiar la Biblia
«La Biblia requiere reflexión y escudriñamiento con oración. No basta con recorrerla superficialmente. Aunque algunos pasajes son demasiado claros para que se los entienda mal, otros son más intrincados y exigen estudio cuidadoso y paciente. Como el metal precioso oculto en las colinas y las montañas, es necesario buscar sus gemas de verdad y almacenarlas en la mente para uso futuro. ¡Ojalá que todos ejercitasen sus mentes tan constantemente en la búsqueda del oro celestial como en la del oro que perece!
»Cuando escudriñe las Escrituras con el ferviente deseo de aprender la verdad, Dios impartirá su espíritu y su corazón e impresionará su mente con la luz de su Palabra. La Biblia es su propio intérprete, pues un pasaje explica otro. Comparando los textos que se refieren a los mismos temas, verá usted una belleza y una armonía que nunca soñó. No hay otro libro cuya lectura fortalezca, amplíe, eleve y ennoblezca la mente como la lectura del Libro de los libros. Su estudio imparte nuevo vigor a la mente, que así es puesta en contacto con temas que requieren reflexión fervorosa y es impulsada a orar a Dios para poder comprender las verdades reveladas».— Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 490
«En el estudio diario, el método de seguir versículo por versículo es a menudo muy útil. Tome el estudiante un versículo y concentre su mente en averiguar el pensamiento que Dios quiere comunicarle, y luego espáciese en él hasta asimilarlo. Un pasaje así estudiado, hasta que su significación se haga clara, es de más valor que la lectura de muchos capítulos sin un propósito definido; y tampoco se adquiere positiva instrucción así».— Elena G. de White, La educación cristiana, cap. 31, pp. 215-216
«Estamos sumamente agradecidos de poseer la segura palabra profética, de modo que ninguno de nosotros necesita ser engañado. Sabemos que actualmente existen herejías y fábulas en nuestro mundo, y deseamos conocer cuál es la verdad. Para lograr ese conocimiento nos conviene investigar cuidadosamente por nosotros mismos. Pero no se lo puede lograr con una simple lectura de la Biblia, sino que se necesita comparar un texto con otro. Debemos escudriñar las Escrituras por nosotros mismos, para que no nos descarriemos; y aunque muchos pierdan el camino debido a la diversidad de doctrinas que hay en nuestro mundo, hay una sola verdad. […] Necesitamos tener un conocimiento personal de las Escrituras, para que podamos comprender la verdadera razón de la esperanza que hay en nosotros».— Elena G. de White, Exaltad a Jesús, 10 de abril
1er trimestre 2026 «APOLOGÉTICA: EL AREÓPAGO»
Lección # 10 «LA BIBLIA»
Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez
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